Un pueblo sabio y prudente. (XXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B)

UN PUEBLO SABIO Y PRUDENTE
22o. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.

“Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a las tradiciones de los hombres”
Marcos 7, 1-23

Comenzamos septiembre, mes lleno de evocaciones del pasado, inicio de legislaturas y presidencias municipales, miradas esperanzadores y, al mismo tiempo, inciertas hacia el futuro. En el transcurrir del mes seguramente las personas, familias, escuelas, actores políticos tendrán que hacer ajustes. ¿Los trabajos darán el fruto deseado? ¿Los sueños, metas y esfuerzos personales e institucionales contribuirán a formar un pueblo sabio, prudente, alegre, comprometido en la construcción del Reino de Dios?

El mes sólo nos da un marco de tiempo. La memoria del pasado y la promesa de un futuro todavía incierto constituyen el antes y el después de la vida presente. Los estudiantes –con sus respectivos compañeros de viaje– inician o continúan una etapa/grado donde tendrán que desarrollar su potencial para seguir aprendiendo el necesario y emocionante arte de vivir. Los servidores públicos –los que terminan y los que inician– viven días y momentos tensos e intensos en la transición; el difícil aprendizaje del arte de gobernar es puesto a prueba.

Individuos, familias, escuelas, autoridades se necesitan mutuamente para hacer un ambiente sano donde todas las personas e instituciones se desarrollen y aporten al bien común. La fe en Dios ilumina el camino al proporcionar la presencia que da orientación, sentido, confianza y fortaleza. ¿Un pueblo sabio y prudente será el fruto visible en un futuro cercano?

El pueblo de Israel, llamado a ser un pueblo sabio y prudente (primera lectura) ante los pueblos vecinos –si observaba los mandamientos– fue cayendo en el vicio de un ritualismo vacío, sin compromiso en el arte de vivir. Ni la vida interior, ni el prójimo vecino, ni la fidelidad al Dios de sus padres, importaron. No hubo los frutos esperados. ¿Recuerdan la imagen de la higuera que tuvo que ser cortada? El corazón humano se puede corromper, pervertir, engañar, hacerse mediocre, latir sin dirección. Es la queja de Jesús en el Evangelio al hablar de lo puro y lo impuro en relación con personas, tiempos y alimentos.

Hoy nos invita, otra vez, a ir al interior del corazón humano para ser sabios y prudentes, gestores de fraternidad y obreros de un mundo más humanizado. De ahí sale lo bueno y lo malo, los grandes ideales y también las más atroces perversiones.

Al iniciar el mes de septiembre tenemos la oportunidad de volver a plantear lo básico de la vida en casa, la escuela y la sociedad. Si fuéramos los únicos habitantes en el mundo no se necesitaría ni sabiduría ni prudencia, el amor no tendría sentido. La educación de personas, familias y pueblos es el medio indispensable para el desarrollo y el progreso. Educar para transformar personas y sociedad debe ser el objetivo de políticas públicas y motivar todo esfuerzo personal y comunitario.

Volver al Jesús del Evangelio es vital para que nuestros ritos septembrinos no se queden en remembranza, crónica, nostalgia sin futuro. Un pueblo mexicano sabio y prudente es posible si nuestra fe en Él es accionada e interactuada en todos los ámbitos educativos.

Con mi afecto y bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas