Un adviento hacia la plenitud. (II Domingo de Adviento, ciclo C)

UN ADVIENTO HACIA LA PLENITUD
II Domingo de Adviento. Ciclo C

“Todos verán la salvación de Dios”
Lucas 3, 1-6

Asistimos a un cambio de régimen político, no solamente a un cambio de gobierno, en palabras de nuestro nuevo Presidente. La llamada ‘Cuarta Transformación’ pretende ser profunda, radical, pacífica. Los protagonistas, en este momento, son el presidente, su partido y los expectantes. ¿Se lograrán las metas? ¿Al final, todos iguales, libres, justos, desarrollados, reconciliados, felices? ¿Qué indicadores? ¿Podemos hablar de plenitud?

El domingo pasado un reportero me preguntó si era coincidencia buscada el hecho anterior y el inicio del tiempo de Adviento en la liturgia de la Iglesia. De pronto me ‘sacó de onda’ la pregunta. Mi respuesta fue un claro no. Sin embargo, me hizo reflexionar que en los dos casos hay una buena dosis de expectativas, dudas, esperas, esperanza. En el primer caso, muchas expectativas después de una larga espera pero que se terminará en seis años. En el segundo, la espera se termina en Navidad, pero la esperanza continúa hasta alcanzar la plenitud final de la vida.

El Adviento nos prepara a recibir el mejor anuncio que pueda escuchar el ser humano, la historia y toda la creación: Dios es y está con nosotros en la persona de Jesús, el Cristo, el Salvador. Nosotros estamos llamados, en su persona, a la plenitud, a colmar nuestros más profundos anhelos y deseos, a la dicha total. ¿Cuándo será? “Todos verán la salvación de Dios” anuncia el profeta y pregona Juan Bautista sin precisar fechas. El nacimiento del Salvador en la historia sembrará la posibilidad de plenitud ya desde el tiempo. Navidad es cumplimiento y apertura al horizonte total de la vida que sólo Dios puede colmar.

Juan Bautista, profeta y testigo de la plenitud, es un personaje decisivo en las esperas y la esperanza del Adviento. Su misión queda dibujada en las palabras de Isaías, otro especialista en advientos: “Preparar el camino”. Cumple su misión haciendo bien las tareas encomendadas. Lo primero es “ir al desierto” para escuchar la palabra de quien lo envía y acogerla para poder pregonarla. Muy pronto el precursor profeta se convertirá en testigo de lo que anuncia y pregona.

La predicación y el testimonio de Juan debió ser algo impresionante. De su escucha atenta surgieron quienes fueron los primeros discípulos-apóstoles escogidos por Jesús para anunciar su cumplimiento: “Todos los hombres verán la salvación de Dios”.

Nuestro tiempo requiere de discípulos que se tomen en serio la esperanza que se fundamenta en la fe en Jesús. En muchos rincones y calles de la vida encontramos gente que necesita de pregoneros de esperanza y sus manifestaciones: fortaleza, firmeza, ternura, paciencia, alegría, paz, compromiso. Ver la salvación de Dios, anunciarla y testimoniarla cuando hay tanta desesperanza y desilusión es el gran reto del cristiano que vive este Adviento.

Que al encender la segunda vela de la corona de Adviento nos decidamos ‘ir al desierto’ para encontrarnos con el Señor. Que Él transforme nuestras esperas en una profunda y fecunda esperanza que nos lleve hacia la plenitud de la vida.

Santa María de Guadalupe, madre de la esperanza, ruega por nosotros.

Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas