La estrella de Belén. (Domingo de la Epifanía del Señor)

LA ESTRELLA DE BELÉN
Domingo de la Epifanía del Señor.

“Hemos venido de oriente para adorar al rey de los judíos”
Mateo 2, 1-12

Es uno de los signos más conocidos de Navidad. Sin el Niño Dios recostado en el pesebre la estrella no pasaría de ser una estrella más. El bellísimo texto de Mateo que escuchamos es denso en su contenido, encantador en su trama e intencional en su desenlace. Por algo ha quedado grabado en la mente y el corazón de tantas generaciones de niños y adultos.

El evangelista va tejiendo contraposiciones hasta presentar a Jesús como la manifestación (epifanía) de Dios a quien hay que buscar, aceptar, seguir, adorar y anunciar. Dos lugares diferentes: Jerusalén y Belén. Dos poderes diversos: el rey poderoso (Herodes) y el pastor humilde (Jesús). Dos emociones fuertes: preocupación en los de casa y alegría en los extranjeros. Dos actitudes: los que dicen conocer las Escrituras pero no creen y los que creen sin conocer las Escrituras; los que se cierran a la novedad de Dios y los que buscan a pesar de la oscuridad; los que pretenden solucionar su soberbia con sangre de inocentes y los humildes que se postran ante el Niño y lo adoran.

El relato de Mateo nos sigue fascinando. Es provocativo para quien abre los ojos del corazón y busca mirar más allá de las estrellas. Cuatro lecciones para quienes estrenamos el año 2020:

· Buscar a Dios, como aquellos magos, requiere humildad, apertura de espíritu. Los que están llenos de sí y de sus cosas nada necesitan, según ellos; se asfixiarán en su toxicidad.

· Abrirse a la novedad del Espíritu, como aquellos magos. Creerse superior a otros pueblos, despreciar al pobre e ignorante, defender lo suyo como lo único bueno y verdadero no es el camino para vivir la cercanía con los hermanos.

· Un corazón humilde y una mente abierta son capaces de generar diálogo y acogida. Una casa abierta propicia el encuentro y la ternura. Sólo así se abren las puertas de/para relaciones humanas fraternas.

· Los magos ofrecen dones al Niño y, desde Él, a toda la humanidad. Dando es como recibimos; entregar nuestra vida es ampliar la casa común para que todos los pobres encuentren acogida, sean respetados en su dignidad y se conviertan en servidores del bien común.

El Papa Francisco en su Carta Apostólica sobre el significado y el valor del belén (1 diciembre, 2019) nos dice que “los magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo… Ante el Niño comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes”.

Si hemos visto la estrella de Belén esta Navidad, nos pondremos en camino, ofreceremos nuestros dones, adoraremos al Señor del tiempo y de la historia… y diremos sin remordimientos, con gozosa esperanza: ¡Feliz, luminoso, generoso, comprometido, año 2020!

Los bendigo con inmensa alegría.

+ Sigifredo Obispo de/en Zacatecas