¡El Señor Resucitó! (Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, ciclo A)

¡EL SEÑOR RESUCITÓ!
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. Ciclo A.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

1.- Celebrar el domingo de Pascua de la Resurrección del Señor en tiempos de crisis es la mayor de las bendiciones. La Pascua abre, al máximo, el horizonte del cumplimiento de la esperanza. El Señor, el Resucitado, garantiza el sentido pleno de la vida, de toda vida.

– La Pascua es la fiesta que da sentido a todas las fiestas de la vida. La fiesta pascual anuncia la fiesta sin fin con el banquete sin fin; el cielo soñado con los anhelos humanos cumplidos, llenos hasta el borde.

– La Pascua es la manifestación suprema del tanto amó y ama Dios al mundo. El Señor ilumina el camino y enciende el corazón; hace que el amor compasivo sea fecundo; que las comedias y tragedias de la vida sean pasajeras. El sufrimiento y las oscuridades de la vida no tienen la última palabra; la enfermedad y la muerte han sido vencidas.

– La Pascua es la garantía de garantías de que vivir amando y amar sirviendo tienen el futuro de la plenitud y el premio de la inmortalidad. Por eso es la fuente inagotable de toda vocación de servicio. Es garantía de que nunca faltarán vocaciones en la Iglesia.

– La Pascua es el día que hizo el Señor: día sin ocaso, día de alegría y de gozo. No es un día sin más… Es el día que fundamenta la esperanza de los ‘buenos días’ que nos deseamos cada día.

2.- Vivimos la Pascua del Señor -la gran fiesta de la vida y del amor- en días que no parecen tan buenos. Nos envuelve un ambiente de prudentes silencios, obediencias voluntarias, variadas incertidumbres, preguntas sin prontas respuestas… con grandes retos que abordar y superar.

– Con la fiesta de la Pascua tenemos a nuestro lado y en nuestro interior la fuente misma de la vida y el amor de Dios que sí lo puede todo. Hemos recibido, en días pasados, la invitación a confiar en Dios, a mirar más allá del Viernes Santo, a abrir los brazos para ayudar al vecino/prójimo/ hermano, a acompañar a quien se sienta solo, a consolar al abatido, a ser creativos, a estar cerca del que sufre… Son invitaciones a vivir, a buscar los bienes de arriba, a pensar positivamente, a trascender… Todo esto es fruto pascual, dinamismo del Espíritu del Señor Resucitado en nosotros.

– Éste es el día que hizo el Señor para que todos los días de nuestra vida sean grandes en la verdad del amor, la generosidad, el servicio, la solidaridad, el futuro cultivado.

– La fiesta de la Pascua del Señor es muy rica en elementos para alimentar nuestra vida cristiana en cualquier circunstancia. Les sugiero tres ejes a través de los cuales fluya nuestra vida de candidatos a la resurrección:

– La esperanza: los efectos negativos de la pandemia nos pueden sumir en el desasosiego, la desesperación, el vacío. En cambio, la Resurrección del Señor nos anima y capacita para vivir con sentido toda nuestra existencia.

– La libertad: Jesús vivió la libertad hasta el extremo porque entregó su vida y murió por nosotros. Resucitado vence todos los muros de las esclavitudes. La verdad de la resurrección nos anima y capacita para ser responsables. Si somos verdaderamente libres, de la crisis del coronavirus saldremos mejores seres humanos.

– El gozo: la resurrección del Señor es la palabra definitiva sobre el mal, el pecado y la muerte. La tristeza no debe ser estilo de vida para el cristiano. Hoy es un día de alegría y de gozo. Celebremos y hagamos fiesta. Nuestro futuro es la vida.

– En este gran día les deseo una esperanza firme, una auténtica libertad y un gozo que nadie se los pueda arrebatar.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

+Sigifredo 
Obispo de/en Zacatecas