El agua bautismal. (III Domingo de Cuaresma, ciclo A)

EL AGUA BAUTISMAL
III Domingo de Cuaresma. Ciclo A.

“Un manantial capaz de dar la vida eterna”
Juan 4, 5-42

El tiempo de Cuaresma nació con intención sacramental pensando en quienes recibirían los sacramentos de iniciación a la vida cristiana. Los candidatos (catecúmenos) eran catequizados durante la Cuaresma, última etapa de preparación. El domingo de Pascua era el punto de llegada y, al mismo tiempo, el día de envío a la misión. Durante este ciclo litúrgico el Evangelio nos propondrá las mismas catequesis. ¿Iluminarán/animarán/moverán a los cristianos de esta generación?

Hoy escuchamos la primera catequesis pre bautismal. Todo se centra en el proceso de creer en Jesucristo, agua viva. El relato trata de una mujer no judía, vecina de la región de Samaria que busca agua para saciar su sed. Ha ido muchas veces al lugar de costumbre pero… Los detalles describen su situación existencial, el proceso de la fe y lo que es capaz de transformar el encuentro con Jesús. El corazón de la mujer va cambiando a medida que encuentra en Él la respuesta a la verdad de sus búsquedas. El desenlace es extraordinario: encuentra no sólo el agua sino el manantial capaz de satisfacer todo tipo de sed. La mujer se convierte en bautizada misionera: “muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer…”

Leer, escuchar y aceptar esta catequesis en tiempos de sequías de todo tipo nos puede hacer mucho bien. Hagamos un viaje a nuestra Samaria personal, existencial, epocal… Los calores de nuestro tiempo nos hacen salir y buscar soluciones diversas a los diferentes tipos de sed que hay en nosotros. En los mercados del mundo se ofrecen incontables tipos de agua; probamos aquí y allá pero no logramos satisfacer las aspiraciones profundas… A pesar de todo, seguimos pidiendo el bautismo… buscamos agua bendita… y la bendición.

‘Estar sediento de…’; ‘tengo ganas de…’; ‘deseo…’; ‘quiero…’ son expresiones usuales en los pos/samaritanos de nuestro tiempo. Pueden referirse no sólo a una necesidad fisiológica o emocional sino también a realidades más profundas, íntimas, existenciales; quizás incluyan la sed profunda de la verdad como sucedió con la samaritana. Buscamos, probamos, preguntamos, exigimos, nos quejamos… Y la sed no se apaga.
Jesús, en el diálogo con aquella mujer de la primera hora, se revela como agua que quita la sed desde la raíz. La samaritana acepta la oferta de “Yo soy el Agua Viva…” “Ya no volverás a tener sed”. Cree incondicionalmente en Él, en espíritu y en verdad… Es bautizada en el mismo brocal donde conoce a Jesús, confiesa su verdad y acepta su responsabilidad.

La mayor parte de los sedientos de nuestro tiempo hemos sido bautizados. Tenemos al alcance de la fe a Jesús, “manantial de agua viva” que apaga todo tipo de sed. ¿Por qué nos seguimos sentando en otros brocales y buscando otros pozos? Esta Cuaresma puede ser el momento fuerte para volver a Jesús, dejarnos transformar por él y seguir sus pasos. Nuestro mundo necesita misioneros reconvertidos capaces de llevar esta agua a otros sedientos.

En Pascua renovaremos las promesas bautismales y seremos rociados con el agua bautismal.

Con mi bendición cuaresmal.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas