Zaqueo, hombre libre. (XXXI Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

ZAQUEO, HOMBRE LIBRE
Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

La lucha por la libertad inicia desde que el hombre sale del vientre materno. Basta mirar con el corazón los movimientos y expresiones del bebé. La cicatriz del ombligo es la primera página de una serie de historias por la libertad y las libertades. Al principio, la lucha se da en corto, es de sobrevivencia, dependiente, instintiva, corporal, quizás tosca; pero es el inicio. Con los años el campo de batalla se extiende al interior de la persona y se libra en todos los ámbitos de la vida. Pudiéramos decir que una persona madura cuando es capaz de ser libre y responsable.

El mundo moderno se ha caracterizado por sus luchas libertarias; también el antiguo. El fin de la libertad ha ido cambiando; va desde la sobrevivencia –como el bebé- hasta la liberación, la ampliación y la defensa de todas las ‘libertades’ –como la persona adulta–. La historia de la humanidad es un tablero lleno de filosofías e ideologías que han tratado de dar fundamentación y cauce al desafío permanente de la libertad que libera y construye fraternidad. No todo el tiempo el ser humano ha logrado ser libre.

En la cultura del siglo XXI el acento se ha puesto en la libertad individual. Desde mediados del siglo pasado las garantías individuales y las libertades se han convertido en derechos humanos individuales. Nuestro mundo es extremadamente sensible a estas realidades; es más, me atrevo a decir que esta sensibilidad define el modelo de sociedad que quisiéramos construir. Pero, a mi parecer, la libertad se está quedando sin objeto y sin objetivos, sin verdad y, por tanto, sin responsabilidades. Una libertad así se corrompe, pervierte el orden social y enferma a individuos y al tejido social.

La lucha de Zaqueo por ser un hombre libre puede dejar grandes lecciones de compromiso para los cristianos del siglo presente. Zaqueo “trataba de conocer a Jesús” en el preciso momento en que “Jesús atravesaba la ciudad” de Jericó. Las dificultades son muchas: la gente se lo impide, es de baja estatura, rico y pecador de grandes ligas. El encuentro se da cuando las miradas se entrecruzan y las palabras se escuchan desde el corazón. Jesús entra en la casa de Zaqueo sin poner condiciones. Zaqueo rompe con sus ataduras, “baja del árbol y lo recibe muy contento”. Qué curioso, los esclavos y esclavizadores murmuran.

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, dice Jesús en voz ‘libre’ para que todos escuchemos. Cuando Zaqueo se deja mirar por Él, las barreras de sus esclavitudes (era jefe de publicanos y rico) desaparecen. No sólo ve a Jesús sino que también acepta su historia personal, se reconoce a sí mismo y reconoce a los demás. Zaqueo ya es un hombre libre. La salvación de Dios es libertad verdadera y verdad para/en el amor.

Muchos habitantes de la tierra piensan que Dios y el prójimo son un estorbo para ser libres. Nuestra mejor manera de ayudarles a salir del error es presentarles a Zaqueo y su historia de libertad. El Evangelio de Jesucristo es el más bello canto a la libertad.

Los bendigo al terminar el mes de octubre.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas