Vivir para dar vida. (V Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C)

VIVIR PARA DAR VIDA
V Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

“Dejándolo todo, lo siguieron”
Lucas 5, 1-11

En octubre del año pasado se celebró en Roma el Sínodo de Obispos; tuvo como tema ‘los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional’. A los días que terminó recibimos el documento final. Llama la atención el título de cada una de las tres partes: “Caminaba con ellos”, “Se les abrieron los ojos”, “Al momento se pusieron en camino.” Describe el misterio de la vocación en los jóvenes y la misión de la Iglesia de acompañarlos en su discernimiento.

La Palabra que escuchamos este domingo narra con sencillez la realidad del llamado a la misión y el drama de la respuesta. “Aquí estoy, Señor, envíame”, responde Isaías. “Dejándolo todo lo siguieron”, responden aquellos pescadores de la primera hora. El llamado no ha dejado de escucharse. La respuesta de los llamados no ha dejado de darse. Quizás han variado los ruidos que impiden escuchar bien el llamado. No hay duda que Dios sigue llamando en este inquieto y movedizo siglo veintiuno. La tarea del discernimiento se vuelve más compleja.

Nos puede iluminar entrar con humildad al corazón vocacional del texto que escuchamos. El episodio que relata el evangelista es curioso. Primero Jesús pide, por favor, que le permitan subir a la barca para predicar. Después invita a remar mar adentro y a echar las redes para pescar. Todo parece normal… pero no es hora de pescar. Pedro hace un gesto de confianza. “Confiado en tu palabra…” es la única razón del pescador para lanzar las redes y lanzarse al seguimiento. Es la misma razón que Jesús pedirá a quienes quieran ser sus discípulos. No hay duda que la vocación se siembra y cultiva en el territorio de una fe capaz de transformar y transfigurar el trajín de la vida.

La respuesta vocacional hace la vida bella y fecunda. Jesús entra en la vida de Pedro y sus compañeros en su diario existir. Es el misterio e historia de toda vocación. Hay que estar allí, escuchar con confianza el llamado, atender, obedecer, seguir… Todo empieza con una inquietud, se teje de manera sencilla pero significativa en lo ordinario, tanto que cambia el sentido y el horizonte de la vida. 

Vivir para dar vida es la misión a la que es llamada toda persona. Es el fin de toda vocación, cualquiera que ésta sea; el amor auténtico siempre es fecundo. Cuando Jesús llama a ser pescadores de hombres envía a ‘rescatar con vida’ a quien anda amenazado por la muerte. Cuando el discípulo cree a profundidad, se entrega y lanza las redes –aunque sea de noche– sabedor de que Jesús es el mejor aliado de la vida.

Nuestra Iglesia necesita de nuevos y audaces ‘pescadores’. En nuestro mundo, caracterizado por un pluralismo cada vez más evidente y una diversidad de opciones cada vez más amplia, se hace necesario un discernimiento más profundo y una madurez de la fe a prueba de todo tipo de ruidos y turbulencias.

Oremos más y seamos una Iglesia que testimonie la alegría del Evangelio para que surjan vocaciones en/de nuestras comunidades.

Con mi afecto y bendición. 

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas