Vivir con sensatez. (XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

VIVIR CON SENSATEZ
XXXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Con frecuencia intentamos caminar en la vida con las luces apagadas, despistados, desanimados. Desde que el ‘tengo o no tengo ganas’ hizo su aparición como el principal motor de la vida encontramos una gran cantidad de pilas descargadas y aceite quemado tirado en cunetas y basureros. Por otra parte, cuando alguien quiere continuar caminando bien habla de la necesidad de recargar pilas, de llenar muchos frascos de aceite para lo que se ofrezca en el camino. La búsqueda de motivaciones sólidas para luchar y salir adelante en la vida es una buena señal de sensatez y prudencia. Es cuando encontrar el sentido de vivir puede estar al alcance de la persona.

No siempre salen las cosas como pensamos y deseamos. Los seres humanos siempre hemos estado sometidos, en el diario vivir, a lo que hoy llamamos estrés. En todos los tiempos y en nuestros días también hay invitaciones (y hasta razones) para el desánimo, el cansancio, el desgano, la evasión. Sentimos y pensamos que ya no podemos más… Nuestra esperanza se topa con muros, al parecer insalvables. El aceite de la vida está agotado o por agotarse. Tenemos que reconocer que en esta situación algunos dejan apagar la lámpara de la fe. No encuentran sentido a lo que pasa ni tienen fuerzas para esperar más.

El evangelista Mateo ve, posiblemente, signos de este tipo en la comunidad cristiana en la que sirve y alerta sobre lo que puede pasar si no hay fe en Dios y sensatez en la espera. En la parábola de las diez doncellas invitadas a la boda el énfasis se pone en la forma de esperar al novio/esposo. Aunque las diez llevan el vestido de bodas y cargan con sus lámparas, no todas llevan la reserva de aceite. A veces de este detalle puede depender la entrada al banquete de la vida o la exclusión. Solamente las jóvenes sensatas y prudentes van a entrar a la fiesta.

A unos cuantos días de terminar el Año Litúrgico el mensaje es claro: la sensatez es expresión concreta del sentido común de la fe y de una voluntad previsora. Lo contrario sería necedad, superficialidad manifiesta, imprudencia fatal. La preparación para salir al encuentro con Cristo (el novio/esposo) no es un asunto de última hora. Tampoco podemos esperar que otros salgan al quite en el último momento. Mantener la lámpara encendida, con su respectiva reserva de aceite, es hacer que la fe se convierta en motor de esperanza.

La lámpara para salir al encuentro de Cristo en la vida y en la muerte se encendió el día de nuestro bautismo. Si crecemos y nos educamos en la fe, si participamos en los sacramentos, si practicamos la caridad solidaria como estilo de vida tendremos la reserva de aceite para cualquier circunstancia de/en la vida. Entonces la sensatez se convertirá en sabiduría y la esperanza se cumplirá en la plenitud del amor del Esposo.

Con mi afecto y bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas