Vivir com/n pasión. (XVII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

VIVIR COM/N PASIÓN
XVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Jesús continúa enseñando mañana y tarde. Aunque de vez en cuando se retira a ‘descansar’, la urgencia de la venida del Reino le apremia. No hay vacaciones en la agenda del Reino. Su tiempo es breve y las necesidades de salvación son incontables. A dondequiera que se dirige encuentra seres humanos enfermos, decaídos, desesperanzados, a la defensiva, sin querer creer, mucho menos esperar y amar. Su actitud primordial es vivir la misión salvadora con pasión. A eso ha venido.

El estilo de Jesús me hace pensar en la vida de cada día, la vida entera. Lo que nos apasiona es justo lo que nos da vida. La vida pierde su brillo cuando no hay pasión; entonces se vuelve sosa, todo da igual, nada entretiene, quedamos inmovilizados. Esto es un mal síntoma. En cambio, lo que nos apasiona, además de llenar nuestra vida y de ser fuente de vida, va dejando huellas que trascienden los polvos e intereses del tiempo. En lo que nos apasiona no nos importa invertir. Es como comprar un tesoro, una perla fina, una red de calidad.

Esto nos hace comprender mejor el Evangelio del domingo último de julio. Jesús nos lleva de la mano –con sus inigualables parábolas– para que aprendamos a caminar con pasión por la vida y más allá de esta vida. Lo de Dios, es decir, el Reino de Dios, es presentado como ‘una pasión’, como una realidad que inspira, afecta, sostiene e implica toda la vida. Cuando la descubrimos, como sea y cuando sea, quedamos enganchados, ya no vivimos más que para eso. Es como un enamoramiento comprometido hasta las cachas, sin vuelta atrás, con rostro de plenitud, de futuro, de felicidad. ¿No se parece a la vocación al matrimonio, a la vida consagrada, al sacerdocio?

Es hermoso escuchar testimonios de personas que lo han vivido y lo viven. Últimamente he encontrado matrimonios (los auténticos) que platican con pasión sus vivencias del Reino; hasta se dicen ‘tesoro’, mi ‘rey’, mi ‘reina’, mi ‘cielo’… He pedido a los últimos sacerdotes que he tenido la dicha de ordenar que escriban su historia vocacional para asomarme –con su permiso– a las entrañas del misterio de la vida. Todos han descubierto el Reino de Dios, ya no pueden vivir sin vivir para el Reino, sin ‘hacer’ Reino de Dios. A esto se refiere Jesús en las parábolas que hoy escuchamos.

Pareciera que sólo unos cuantos están llamados a estas alturas. No es así, la enseñanza de Jesús es para todos. Basta estar dispuestos a “vender todo” para que a nadie falte una sonrisa y un pan. ‘Hacer’ Reino está al alcance del que cree y ama, del que se hace pobre para convertirse en buen samaritano. Algunos irán más lejos y harán ‘milagros’ y echarán fuera los espíritus negativos de las personas. ¿Cómo es posible que en un mundo tan egoísta haya gente tan desinteresada, tan entregada a los demás, tan aventada? Son las personas que han encontrado en Jesús y su Reino el tesoro, la perla, la red. ¿Y tú?

Con mi bendición al terminar el mes.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas