¿Violencias en Cuaresma? (III Domingo de Cuaresma, Ciclo C)

¿VIOLENCIAS EN CUARESMA?

Tercer Domingo de Cuaresma. Ciclo C

La violencia es una de las realidades más preocupantes en el siglo presente. Aunque ha existido desde Caín, en nuestros días tiene especial relevancia por sus variadas formas y por la publicidad-propaganda que la expanden a todas las conciencias. Nos sabemos rodeados de distintos tipos de violencia y de la perversión de sus negociantes al usarla como mercancía de consumo en los variados mercados que existen en la sociedad. La violencia amenaza con convertirse en estilo trivial de vida y ya aparecen, cada vez con más frecuencia, sus adoradores.

Ha corrido mucha sangre desde el inicio de la humanidad. Situaciones problemáticas de la vida han tratado de solucionarse derramando sangre. Incluso algunos ritos religiosos de pueblos antiguos la incluyen en sus sacrificios y ofrendas. La sangre salpica todo, o casi todo, y a todos. El ser humano ha buscado explicaciones y tratado de poner controles. Hemos avanzado desde ‘el diente por diente’ hasta el ‘no matarás’. Sin embargo, la violencia ocupa cada vez más espacios y amenaza en conquistar campos de frontera, desde el inicio de la vida hasta el término de ella. Parece que el instinto de agresividad, que deambula en todo ser humano, es insaciable; también el instinto de sobrevivencia aumenta la espiral.

En tiempos posmodernos aparecen violencias posmodernas. No me refiero al comercio de nuevas armas nucleares, o químicas, u otras (cada vez más sofisticadas) sino al intento de usar el mal como arma para destruir al que se opone a mis intereses. Últimamente se ha usado el arma de la mentira completa o en partes como ciencia para ‘acabar’ con el contrincante. Lo hemos visto en campañas electorales y en la visita y pos visita del Papa Francisco. Hay muchos otros males que se negocian como armas y aparecen envueltos en buenas intenciones por medio del anonimato de redes sociales.

En el evangelio del tercer domingo de cuaresma Jesús alude a dos episodios violentos que terminan en fracaso. Nos hace una severa advertencia: “¿Piensan que esas personas eran más pecadoras que ustedes? ¿Qué se lo tenían merecido? Si no se convierten, perecerán de manera semejante”. Dios no quiere la violencia. Aunque haya en nosotros un componente ineludible de agresividad, el horizonte de la persona es la fraternidad y la paz. Dios lo ha inscrito en el fondo del mismo ser.

Cuaresma es tiempo favorable para meditar en nuestra responsabilidad ante tantas violencias que provocan pérdidas, sufrimiento, soledad, desconfianza, fracasos. En un mundo de tantas violencias el “conviértanse” incluye necesariamente ser artesanos de la paz. Los frutos de nuestra “higuera” se pesan en colaboración, respeto, hacernos prójimos, solidaridad afectiva y efectiva con los pobres, gestos concretos de misericordia.

Lo peor que nos pueda pasar es que seamos estériles y no demos frutos que hagan posible convivir en paz. Si nos convertimos vamos a emprender caminos concretos en la construcción de la paz y las violencias disminuirán. Iniciemos en casa erradicando hasta el más pequeño resquicio de violencia.

Los bendigo con esperanza.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

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