Un padre compasivo y “concertante”. (XXIV Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

UN PADRE COMPASIVO Y ‘CONCERTANTE’
Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

La compasión/perdón no cotiza en ninguna de las bolsas de valores del mundo. En cambio, el desconcierto –por cualquier causa– es moneda corriente en todas las bolsas. ¿Se puede vivir con dignidad en desconcierto permanente? ¿Es posible ser felices sin compasión/perdón? Nuestro mundo es muy raro, carajo, como dice un comentarista de televisión. Con la soberbia voluntad de poder quiere reinventar la verdad de la vida, mover el sol para que ahora ‘salga’ del poniente, redefinir el matrimonio para que sacie apetitos engañosos e ideologías desconcertantes… y muchos absurdos más.

En una sociedad marcada por el relativismo y chapada por ideas líquidas (sin convicciones éticas y débiles creencias religiosas) la compasión/perdón es muy escasa, interesada, difícil, condicionada. Las leyes están hechas con otros fines, no para proponer el perdón como un elemento medicinal en la convivencia diaria. Hay la percepción de que el perdón –expresión exquisita de la compasión– debilita al que lo da y al que lo recibe. Pensamos que no cabe en una sociedad que busca afanosamente el bienestar y la satisfacción inmediata del ego. Las consecuencias son el descontento, el mal humor social, el vacío fácil de autoridad, el desconcierto… Cada vez nos deshumanizamos más a causa de nuestras ‘creaciones’ sin sentido. El desconcierto rompe armonías, desbarata equilibrios, se traga los deseos de la paz ansiosamente anhelada.

Hoy Jesús nos regala el más bello de los conciertos que jamás se hayan escuchado. En tres parábolas nos da un recital inigualable de las maravillas del perdón compasivo de Dios. En una lectura superficial el concierto de Dios, siempre misericordioso, puede desconcertarnos. Quisiéramos que Dios se adecuara a nuestras medidas, decretara la pena de muerte y tomara en cuenta nuestras cortas recomendaciones.

¿Qué hace Jesús de especial que nos saca de nuestras casillas? Simplemente da gratis la carta de ciudadanía a los pecadores para que entren a su Reino. Los primeros cristianos querían saber si los pecadores (paganos, publicanos y más) podían esperar que la oferta del Evangelio fuera buena noticia para ellos. Para los escribas y fariseos contaban solamente los que observaban la ley. La respuesta/don/buena noticia de Jesús parece inaceptable para quienes murmuraban de él y desconcertante para los mismos pecadores que lo escuchaban con simpatía y esperanza.

Las tres parábolas muestran a Dios, madre y padre compasivo, paciente, misericordioso, generoso. El perdón gratuito e incondicional que ofrece a los diversos personajes de las parábolas es el mejor de los conciertos de amor compasivo que haya escuchado la humanidad. El perfil de Dios incluye la desmesura del perdón (anillo, vestido, banquete, música) y nos abre al horizonte infinito de su amor, siempre fiel y clemente.

El Papa Francisco nos recuerda cada semana a este Dios que busca concertar conciertos gratuitos con la bellísima música del perdón. Esta constante insistencia no nos debe desconcertar. La oferta es para todos, los pecadores clásicos y los nuevos del mundo digital. Muy mal haríamos si cayéramos en la tentación de poner las mismas reglas religiosas de los escribas y fariseos que espiaban a Jesús.

Bendito Evangelio que nos saca de nuestros desconciertos y abre para todos las infinitas posibilidades del perdón.

Con mi bendición y afecto en estos días intensamente patrios.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas