Todos tenemos hambre. (XIX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B)

TODOS TENEMOS HAMBRE
19º. Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”
Juan 6,41-51

Este día el mundo ‘mundial’, como dicen los chavos, celebra el día de la juventud. La Iglesia en México se une al acontecimiento e invita a los jóvenes católicos a sumarse a la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos y al trabajo solidario en sus comunidades y grupos. Seguramente nuestros chavos estarán activos en las redes sociales y aportarán lo suyo para que este mundo sea más habitable.

Las necesidades propias de la edad en la formación de la personalidad, los retos de la afectividad y sexualidad en un mundo altamente consumista, el futuro incierto, el uso adecuado de las nuevas tecnologías y encontrar el sentido trascendente de la vida son los desafíos principales de los adolescentes y jóvenes de todo el mundo. El joven católico está llamado a vivir la fe en Jesucristo en este mundo globalizado.

En días pasados la diócesis de Zacatecas fue anfitriona de la Reunión de Reuniones de Arcoíris Nacional. Se trata de encuentros de adolescentes evangelizadores en misión con y para adolescentes. Al ver reunidos a tantos chavos y mirar sus rostros alegres podemos afirmar que un futuro promisorio está al alcance de la fe. Nuestros adolescentes y jóvenes también son Buena Noticia a pesar de desesperanzas y desencantos.

La Palabra de Dios es siempre oportuna en cualquier edad de la vida. El profeta Elías –primera lectura– al límite de sus fuerzas, pareciera querer abandonar su misión. Pero Dios le sale al encuentro con pan y agua, alimento que le devuelve las fuerzas y la esperanza. Alimentado con el don del cielo se levanta y sigue caminando. Este mismo alimento está al alcance de la fe ante cualquier situación y reto de la vida. Dios nos sale al encuentro en el camino y, en oferta permanente, nos ofrece el pan de vida y el agua refrescante de Jesucristo.

El evangelio habla, partiendo de la necesidad de comer, de la realidad más profunda de la vida: el sentido de la existencia y del peregrinar del ser humano; también del único alimento capaz de satisfacer el hambre que el peregrino experimenta. En torno a esta realidad giran las afirmaciones de la resurrección, la fe que garantiza no morir para siempre, el cuerpo de Jesús como alimento para que el mundo tenga vida.

La palabra de este día es una invitación clara y esperanzadora para comer al Señor y comulgar con Él. La fe en Él, don y compromiso, es gracia para abrirnos hacia el futuro de Dios que nos capacita para aceptar los retos y desafíos de la vida en cualquier edad y circunstancia. Ahora comprendo mejor porqué el joven se identifica más fácilmente con un Cristo joven, cercano, amigable, misericordioso.

Dios nos entrega a su Hijo para ser alimento duradero y viático en el camino. Si hacemos nuestros los planes de Dios hemos comenzado a alimentarnos muy bien. Todos los demás alimentos tienen fecha de caducidad. Podemos y debemos seguir pidiendo: Señor, danos siempre del pan de vida.

Los bendigo desde la mesa de la Eucaristía.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas