También en las bodas de punto com. (XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

TAMBIÉN EN LAS BODAS DE PUNTO COM
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

El banquete de bodas, sinónimo de gran felicidad, sigue siendo una de las expresiones de fiesta más comunes en todas las culturas. Pueden cambiar las formas, la ocasión, la intensidad, los costos… pero, ¡hay que hacer fiesta! No faltan los motivos para ‘echar la casa por la ventana’. Con mucho tiempo se ‘apartan’ fechas, locales, conjuntos musicales, templos… El motivo/ocasión se vislumbra, sueña, desea, se prevé con anticipación. El orden, la organización y el esmero de los preparativos pueden variar. La fiesta empieza/se disfruta desde la víspera, afirman sonrientes los anfitriones.

La invitación a familiares, amigos y vecinos es algo esencial. Ninguna fiesta es para disfrutarse a solas. Invitamos a la gente que queremos y que tiene un significado especial en nuestra vida. La necesidad de hacer fiesta brota de lo más profundo de nuestro ser; por eso embona con naturalidad con lo religioso. Celebrar la vida en sus momentos clave invita a elevar la mirada más allá del momento presente. La acción de gracias a Dios es expresión espontánea. Los cristianos católicos pedimos la Eucaristía, la acción de gracias por excelencia.

No nos extrañe que Jesús no se pierda ni una sola invitación a las fiestas. Su primer signo sobre el Reino lo realiza en un banquete de boda, en una fiesta. En este ambiente, el más festivo, Jesús anuncia el Reino de Dios y realiza gestos que hacen vislumbrar la plenitud de la vida: crea lazos con los considerados pecadores, sana enfermos desahuciados, libera de males atribuidos a los demonios…, trae la salvación a quien acepta creer en Él. Con frecuencia compara el Reino de Dios con un banquete de bodas, el gesto de alegría compartida más común para el ser humano.

En el camino hacia la Pascua dirá a Zaqueo, en un banquete, ‘la salvación ha llegado a esta casa’. Si Jesús habla tanto del Reino de Dios, ¿por qué no lo explica? Como buenos racionalistas quisiéramos claridad en los conceptos y contundencia en los hechos. Jesús lo sugiere y nos invita a entrar en él a través de parábolas. ¿Qué mejor explicación/figura/anticipación que un banquete de bodas? El Reino de Dios es la respuesta de Dios a las más profundas aspiraciones del ser humano. Su grandeza nos desborda, sobrepasa explicaciones, trasciende las virtualidades y posibilidades de las nuevas tecnologías.

La lección de vida de este domingo es que al Reino se entra por invitación, como a una boda. Lo más grande de la vida y la plenitud del Reino sólo se alcanzan por la aceptación de la invitación del Amor. Nuestro drama es la posibilidad de no aceptarla porque pensamos que nuestros intereses son más importantes. No hace falta mucha imaginación para vernos reflejados en la parábola. Responder a la invitación es aceptar la gratuidad del amor, es ponerse el traje de boda, es revestirse de Jesucristo. La vestidura del bautismo tiene que ver con el traje de la fiesta del Reino.

Dichosos los invitados al banquete, también en estos tiempos.
Los saludos y los bendigo.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas