Sin componendas, ni rebajas. (XX Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C)

SIN COMPONENDAS, NI REBAJAS
Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

Vivimos en una sociedad plural en ideas, creencias, intereses, religiones, visiones de la realidad… Es uno de los rasgos que la distinguen en relación a siglos pasados cuando la sociedad era más homogénea y los cambios profundos se daban muy ‘a la larga’. La defensa de la diversidad, la diferencia, la división, la autonomía, la fragmentación son algunas consecuencias concretas en el modo de vivir de las nuevas generaciones. Por otra parte, la búsqueda de equidad, de igualdad, de la no discriminación son anhelos presentes en las luchas emocionales, afectivas, ideológicas, jurídicas y religiosas de nuestro tiempo. ¿Hacia dónde se inclina o se inclinará la balanza? ¿Buscar equilibrios es políticamente correcto? ¿Alimentar radicalismos y polarizaciones es lo adecuado?

“No he venido a traer la paz, sino la división”, dice Jesús en el Evangelio que se proclama este domingo en todos los idiomas del mundo. “He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”, exclama para suscitar respuestas comprometidas en la acción. Escuchar esta palabra tremendamente provocadora en estos tiempos convulsos puede desconcertarnos. ¿A qué le apuesta Jesús? ¿Por dónde tiene que ir el compromiso de la Iglesia y del cristiano de a pie?

El cristiano tiene que buscar, discernir y decidir su opción. La indiferencia es una tentación cómoda que sólo pospone y complica la lucha. El compromiso por la paz, la justicia, la fraternidad, la solidaridad y la compasión es la única opción válida para ser testigos creíbles en un mundo plural y fragmentado. La fe en Cristo tiene rostro necesariamente comprometido en la lucha por la paz y la unidad.

Al meditar el Evangelio de este día tenemos que pasar del desconcierto inicial a la claridad pacificadora del compromiso. La ‘división’ y el ‘fuego’ de que habla Jesús es una invitación al discernimiento y a la decisión concreta por el Reino de Dios. No hay duda de que la opción evangélica es de paz y por la paz; si trae guerra es con quien quiere hacer de la mentira, la injusticia, la insolidaridad, la indiferencia un estilo de vida. El ejemplo de la familia fracturada nos invita a pensar y a decidir en la misma línea: optar por el Reino de Dios exige estar dispuestos a cargar cada día la cruz del amor paciente y misericordioso.

El cristiano, discípulo misionero modelo 2016, se sabe ciudadano en un mundo plural, dividido, fragmentado y, al mismo tiempo, anhelante de unidad, igualdad, convivencia pacífica. En este mundo real está invitado a dar testimonio de su fe. Vivir el Evangelio de Jesús en este ambiente es una gracia y un reto que exige discernimiento para comprometerse con inteligencia y audacia en la construcción de un mundo más habitable. Los indicadores de una decisión correcta se verán cuando el anuncio, la celebración y la convivencia del Evangelio generen fraternidad, amistad, solidaridad, justicia, igualdad, libertad, unidad en lo básico…, en una palabra, amor compasivo y misericordioso.

Aceptar a Jesús y seguirlo al cien no admite componendas con el mal, ni rebajas momentáneamente tranquilizadoras. Amar como Jesús incluye buenas dosis de lucha, sufrimiento y persecuciones.

Bendigo y rezo por nuestros estudiantes y las comunidades educativas al iniciar un nuevo ciclo escolar.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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