Sembrando en vacaciones. (XV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

SEMBRANDO EN VACACIONES
XV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Con frecuencia pensamos que el tiempo de vacaciones es sólo un paréntesis, un cambio de ritmo, una buena ocasión para salirnos de lo ordinario, desconectarnos, pues… Salgamos de casa o nos quedemos es una buena oportunidad para descansar, relacionarnos, conocer otros lugares y ambientes, cultivar alguna afición, convivir con familiares y amigos. Las vacaciones no son un tiempo especial para perder el tiempo. De una u otra forma tiramos la semilla, la vemos nacer, la cultivamos y, quizás, alcancemos a ver algunos frutos.

Me impresiona en la parábola de este domingo la firme determinación del sembrador: “salió a sembrar”. Amor a prueba de todo, conocimiento del clima, la semilla y la tierra, decisión, confianza, esperanza… Bastaría imaginar el rostro sudado y confiado del sembrador para esperar buena cosecha. Es más, en el hecho mismo de salir a sembrar está ya presente un futuro de abundancia y saciedad. La semilla lleva dentro de sí la potencialidad de la esperanza que un día se cumplirá. Obviamente, no todo depende del sembrador y la semilla; hay bastantes riesgos en el surco del camino originados por otros factores.

Nuestra firme convicción es que Dios sale a sembrar cada día, todos los días, también en vacaciones. No tira la semilla y se retira. Dios trabaja siempre, no descansa para nada. Dios es sembrador de la simiente del Reino en el campo del mundo y en la parcela de nuestras historias. Somos campo donde Dios siembra, esparce su palabra, vocea la Buena Nueva. El resto depende de nuestra responsabilidad compartida.

¿También en vacaciones? La hora de Dios abarca todas nuestras horas y espacios. Dios hace su trabajo de sembrador cuando menos lo esperamos: palabras, miradas, encuentros, personas, silencios, acontecimientos, preguntas, lecturas, pantallas, comentarios, chispazos, flechazos, playas, estadios, calles, sombras… En todas nuestras historias ya narradas o todavía por escribir y leer. Todo es semilla que puede llegar a nosotros. No todo el tiempo somos buenos receptores. La persona es responsabilidad, no solamente derechos de propiedad.

¿Somos tierra buena? Acoger la semilla de la Palabra y hacerla fructificar exige la humildad de la fe, disponibilidad, generosidad, trabajo, esperas… A unos la semilla les interroga, a otros les moviliza para entender, a otros les deja indiferentes. La semilla que a unos les provoca para la acción a otros les aburre. Es la cruda realidad de la libertad de acoger o rechazar.

El hecho de que el Sembrador salga todos los días a esparcir la semilla significa que no se han acabado las oportunidades. Podemos hoy ser tierra dura, o pedregosa, o tierra con escasos recursos… La esperanza de disfrutar no está perdida. Mañana, no sé cuándo, puedes dar fruto del cien por cien, o del sesenta, o del treinta. Tú siempre eres tierra donde Dios siembra gérmenes de la novedad del Reino y el Reino puede germinar en ti. Si quieres. También en vacaciones.

Felicidades a Carmelas y Carmelos.
A todos deseo días abundantes de semillas de paz, alegría y esperanza.
Con mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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