Seguidores, no meros admiradores. (XIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C)

SEGUIDORES, NO MEROS ADMIRADORES
Treceavo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

Ha habido innumerables obras a través de la historia que intentan anunciar/describir la grandeza única de la persona de Jesucristo. Cada época ha hecho lo que está a su alcance para representarlo y darlo a conocer en pinturas, esculturas, literatura, música, cine y todas las expresiones de que dispone el arte. Podemos decir que son ‘huellas’ de Jesús plasmadas en el corazón de los creyentes y en todos los materiales posibles. No ha existido ni existirá persona histórica que supere la fascinación por el hijo de María y José de Nazaret e Hijo de Dios. Pero…

El Evangelio no busca suscitar admiradores sino seguidores. En el correr de la historia encontramos de los dos tipos. Los santos son los más conocidos. Tuvieron que pasar de la admiración al seguimiento radical. Su proceso de conversión les llevó por caminos que nunca imaginaron. En algún momento de su vida tuvieron que tomar la ‘firme determinación’ de tomar la cruz del amor total e irrevocable y seguir a Jesús con todo y sus amigos (leprosos, enfermos, pecadores públicos y privados, excluidos…).

El seguimiento –hoy decimos ser discípulos misioneros– es una llamada de siempre, desde los primeros albores de la comunidad cristiana. Pero hoy suena de modo especial o, quizás, ya ni siquiera suena, o no conviene que suene. Las nuevas culturas secularizadas (‘sin Dios’, decía mi nana María) con la crisis de valores que conllevan, provocan que el índice de increencia e indiferencia alcancen niveles nunca conocidos. El seguimiento radical de Jesús no entra en los proyectos de vida de quienes se dicen cristianos. Posiblemente así se explique el por qué muchos bautizados no asuman compromisos perdurables.

El Evangelio de este domingo puede sonar exagerado, hasta molesto para la sensibilidad de quienes hablamos de no discriminación, derechos humanos, desarrollo de la libre personalidad, vida digna… Pareciera que Cristo quiere desanimar a quien quiera seguirlo por el camino de la vida. No es así. Su intención es mostrar que el camino del amor total pasa por el desprendimiento radical, implica renuncias, inseguridades (“las zorras tienen madrigueras”), ruptura con el pasado (“deja que los muertos entierren a sus muertos”), es una decisión irrevocable (“el que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”).

Seguir a Jesús es algo muy serio; va mucho más allá de la sola admiración, las costumbres y la práctica religiosa. El compromiso debe ser total, definitivo, confiado en el cumplimiento de las promesas de las bienaventuranzas. Nada de componendas, ni rebajitas, ni añoranzas. El amor es radical o no es amor. Nos consuela que Dios es fiel, que su amor es irrevocable y su misericordia es eterna.

Ha llegado la hora de cristianos de tiempo completo, radicales en el amor, buscadores humildes de la verdad, apasionados por el bien común, trabajadores incansables en la casa común, sensibles a las necesidades de los hermanos más necesitados… Está en tus manos añadir otros rasgos al perfil 2016 del seguidor de Jesucristo.

Con mi afecto fraternal y mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas