Presencia dinamizadora. (VI Domingo de Pascua, Ciclo C)

PRESENCIA DINAMIZADORA
Sexto Domingo del Tiempo de Pascua. Ciclo C.

Iniciamos el mes de mayo año 2016 después de la primera Pascua cristiana. El quinto mes enmarca el corazón de la primavera con sus promesas de vida que se convierten en flores y bellos cantos de las multicolores creaturas que nos acompañan. Mayo luce, con sus mejores galas, el bullicio de la vida. ¡Bendita creación donde aletea el Espíritu desde su génesis!

El Espíritu no ha dejado de hacer su trabajo desde la primera creación y, ahora, en la nueva y definitiva creación. Ha sido y es la gran obra del Espíritu Santo en cada persona, en la comunidad de fieles, en las diversas páginas de la historia, en el mundo entero. El aliento de vida nueva que procede del Resucitado inyecta esperanza para caminar seguros en la lucha de cada día. ¡Bendita Pascua! Es Pascua en la Iglesia santa, han cantado los cristianos desde aquel amanecer del primer Domingo de la historia.

El Evangelio de este Domingo habla de la gran obra de transformación que hace el Espíritu Santo en el fondo mismo de la vida. Su presencia dinamiza la historia y hace oír los gritos de la creación. En este momento, la primera está herida por los atentados contra la libertad, la verdad, la justicia y el amor entre los seres humanos. La segunda está amenazada por tantos egoísmos personales y nacionales que ambicionan vender la casa común sin importar el costo para la humanidad presente y el futuro de las siguientes generaciones.

El cristiano tiene una gran corresponsabilidad ante la historia y el cuidado de la creación. El hecho de que el Padre y el Hijo “vengan a hacer su morada” en el corazón de la persona es una presencia que indica y garantiza que Dios no ha abandonado a sus hijos, ni está en sus planes dejarnos de amar, por más pecadores que seamos. Jesús con el Padre se han instalado en el fondo mismo de la historia y desde ahí hacen su trabajo de transformar todo lo humano y su entorno. El Espíritu Santo es el gran don del Resucitado.

La obra que el Espíritu va ir haciendo en los días de los creyentes es “enseñar todo y recordar todo”. Es un enseñar en profundidad hasta dar con el sentido mismo de la vida y de la historia. Es un recordar la corresponsabilidad que tenemos (somos Iglesia) para poner en sintonía con el Resucitado nuestra forma de pensar, sentir, desear, proyectar, actuar… El Espíritu sopla, alienta, mueve…, al creyente para que colabore en sanar las heridas que hay en la historia de todos los días.

El misterio de la Pascua se sitúa en lo profundo de las realidades de la vida. Si Dios ha puesto su morada en nosotros quiere decir que confía en las posibilidades del ser humano para hacerse prójimo, hijo y hermano. La compañía del Espíritu es del todo necesaria para dinamizarnos y no perder el horizonte de dignidad y plenitud al que está llamada la historia y la creación. No caminamos en el desamparo.

¡Bendito mes de mayo! ¡Bendita Pascua! ¡Bendito Espíritu Santo! ¡Dichoso tú que has creído!

Los bendigo con la fuerza del Espíritu.

+Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas