Pastores, modelo siglo XXI. (IV Domingo de Pascua, Ciclo C)

PASTORES, MODELO SIGLO XXI
Cuarto Domingo de Pascua. Ciclo C.

Participar en el primer encuentro sobre educación en Zacatecas ha sido una experiencia pascual durante este fin de semana. Los desafíos que tenemos todos los educadores –todos lo somos– surgen de la emergencia educativa en el cambio de época que vivimos a solas, en sociedad y con consecuencias hacia el futuro próximo y remoto. El mundo está cambiando en los valores que lo sostienen, los fines que persigue y los medios para alcanzar esos propósitos. Vivimos una real emergencia en todos los sentidos.

Para un servidor ha sido y es una experiencia pascual por las sorpresas y esperanzas que hemos encontrado y compartido. Parecía que el desaliento, el ‘no se puede’ y el pesimismo, a causa de los complejos desafíos de educar en un cambio de época, tenían la última palabra. Definitivamente no. El horizonte de esperanza que abre nuestra fe en Jesucristo está a nuestro alcance si verdaderamente creemos en Él y nos agarramos de su mano para correr los riesgos que contiene el educar para la libertad, el amor y la misericordia en tiempos de confusión y cambio de valores.

Todo esto he tenido presente al escuchar y meditar el Evangelio del Buen Pastor. El viernes pasado, precisamente en Fresnillo, el Nuncio equiparó al buen maestro con el buen pastor y viceversa. Escuchar esto me ha invitado a ampliar las posibles aplicaciones del domingo del Buen Pastor. Antes pensaba que sólo los sacerdotes y obispos eran los pastores ‘de calidad’ en el plan de Dios. Qué va, no es así, sobre todo al mirar las expresiones de tantos padres de familia, comunicadores y maestros que expresaron su esperanza en sus rostros radiantes de esperanza.

En el Evangelio de la jornada de oración por las vocaciones, las imágenes que aparecen no nos dicen mucho a los habitantes de las ciudades. Las imágenes de rebaño, pastor, voz, seguimiento… quizá se nos escapan en una cultura alejada del campo. En el Evangelio que escuchamos todo tiene que ver con los animales y hoy, en la ciudad, éstos sólo son mascotas y objeto de defensa de ‘supuestos’ derechos de los animales. En el texto propuesto podemos aprender que todo se refiere a una nueva forma de relación de Dios con nosotros y de nosotros con Él.

Pastor y maestro, decía un antiguo cántico que escuché cuando era niño. En efecto, los dos se implican. Para nosotros habitantes en el siglo XXI y, casi todos, de cultura urbana, nos invita a comprender y vivir nuestra fe desde el Buen Pastor y el Buen Maestro. El único que se identifica absolutamente en los dos es Jesucristo, el Señor Resucitado.

Nuestro compromiso y tarea es avanzar en ser buenos educadores si queremos cumplir la misión de ser buenos pastores en un mundo rápidamente cambiante. Los cristianos nos la jugamos si nos dejamos guiar, ejercitando la escucha, dejándonos pastorear por Jesús y mirando con compasión las nuevas realidades que vivimos. No hay de otra… Si no, no podemos aspirar a ser buenos discípulos, mucho menos, buenos misioneros, buenos educadores, buenos pastores.

Que la luz que esparce el Cirio Pascual, es decir, Cristo Jesús, nos lleve a tener la mirada irradiante del Buen Pastor.

Les bendigo con la alegría del amor del resucitado.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas