Padres e hijos en misión posible. (XI Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

PADRES E HIJOS EN MISIÓN POSIBLE
XI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

A medida que vamos creciendo en edad (no siempre en sabiduría y gracia) vemos a los papás de manera diferente. Un niño ve a sus padres desde su experiencia vital de niño; un adolescente los mira desde sus necesidades del momento; una persona adulta los contempla desde las experiencias de lo que ha vivido. Un bisnieto, un nieto, un hijo, tienen diferentes aproximaciones desde sus vivencias, cercanas o lejanas…

El caso es que el amor de hijos se va construyendo en el tiempo y sus circunstancias. Algo parecido acontece con el amor de los padres hacia sus hijos… El amor paterno y el amor filial son amores únicos, irrepetibles, dejan huella, inspiran, trascienden… Pueden reflejar la ternura del amor que los fundamenta y los sostiene, el amor de Dios.

Hoy, tercer domingo de junio, dedicamos un espacio y un tiempo especiales para contemplar, agradecer, reconocer, hacer memoria, expresar… nuestro cariño a esta persona que nos ha engendrado, gestado, visto nacer, alimentado/educado, cultivado, corregido, acompañado… amado a más no poder. Oramos por ellos, hacemos fiesta, compartimos regalos, nos buscamos… Siempre nos quedamos/quedaremos cortos… Decimos en lenguaje moderno que este día nos proporciona un área de oportunidad para profundizar en las experiencias/valores fundamentales de la vida y expresar, a todo grito, lo que somos y hemos vivido. No hay duda, la felicidad está en casa, al alcance del corazón y de las manos extendidas en oración.

En nuestra casa/templo aprendemos a orar con el corazón y a rezar con los labios. Los rincones de la casa son testigos de los primeros rezos que aprendimos y que nos han acompañado durante toda la vida. No me extraña el afán y la prontitud de los padres por bendecir a sus hijos y éstos por envolver a sus padres en el abrazo bendecido de Dios. En el amor humano hay mucho de divino. El amor divino se transparenta en el amor incondicional de nuestros padres.

Hoy Jesús en el Evangelio ora e invita a orar antes de tomar cualquier decisión. Al compadecerse se comporta como todo un padre/madre y como el mejor de los hijos y hermanos. Su corazón se enternece al ver el corazón humano en sus necesidades pero también en sus aspiraciones y posibilidades. Jesús ve las situaciones de todo ser humano, siente compasión, habla, llama, envía, da instrucciones. Constata las necesidades de los hijos/padres, se conmociona, hace que el amor se haga abrazo. Ante el otro no puede haber indiferencia. Del amor brota la pasión por la misión que tenemos en la vida.

Jesús envía hoy a los hijos con sus padres y a los padres con sus hijos a ser misioneros de los amores que sostienen la vida y le dan sentido trascendente. Hijos, ¡felicitémonos! Padres, un abrazo muy apretado, cargado de gratitud filial y lleno de bendiciones. Que nuestra oración por los papás difuntos suba hasta el cielo, hasta la casa del Padre Eterno donde esperamos encontrarnos el día de la plenitud.

Con mi bendición y afecto filial.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas