Padre, Hijo, Espíritu Santo. (La Santísima Trinidad, ciclo C)

PADRE, HIJO, ESPÍRITU SANTO
La Santísima Trinidad. Ciclo C.

“Todo lo que tiene el Padre es mío.- El Espíritu recibirá de mí lo que les vaya comunicando a ustedes”.
Juan, 16,12-15

Hoy es día del padre y, al mismo tiempo, solemnidad de la Santísima Trinidad. No puedo dejar de releer el Evangelio de este domingo desde la familiar, bella, compleja y trascendente experiencia de la paternidad.

La experiencia más cercana de la paternidad para un hijo es su padre. La experiencia más cercana que uno puede tener de Dios es Jesucristo, Hijo de Dios, quien nos ha revelado a Dios como su Padre y nuestro Padre. “Todo lo que tiene el Padre es mío” proclama el Evangelio. “Cuando venga el Espíritu de la verdad los irá guiando hasta la verdad plena”, remata Jesús al revelarnos la intimidad familiar de Dios y la trascendencia de toda paternidad.

Dios me ha concedido vivir sesenta y siete años bajo el amor, protección, cuidado y ejemplo de esta persona tan cercana y entrañable que es mi papá. A medida que los años pasan (y se quedan) me doy cuenta de lo maravilloso que es vivir y ser amado por ser hijo, miembro de/en una familia. Hacer la señal de la cruz y decir, al mismo tiempo, “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, es lo primero que aprendemos en casa para relacionarnos con el Dios de Jesucristo.

Hablar de paternidad es hablar de generar/acompañar vida, padre y madre, familia, comunidad de amor, donación, intimidad, comunión, igualdad, diferencia. A pesar de los cambios profundos que experimenta la familia, ésta sigue siendo la escuela superior de vida para los hijos y célula decisiva de la sociedad. Cuando la paternidad se desvirtúa la primera que lo sufre es la familia y los efectos se resienten en la sociedad.

De igual manera, hablar de Dios es hablar de Trinidad de personas, de comunidad de amor divino, de familia en continua comunicación, de amor hasta la divina potencia… Con humildad tenemos que reconocer que sólo podemos balbucear quién y cómo es Dios, misterio inagotable de amor divino. Cuando la fe en el Dios de Jesucristo se desvirtúa la familia humana pierde su fundamento y su horizonte. Se acaban las razones para la igualdad, la libertad, la fraternidad, la fidelidad… La fuente del amor se agrieta y el ser humano se ahoga en su finitud.

En este día de la Trinidad (que coincide con el día del padre) no se pretende entender lo que jamás podremos comprender. Más bien se trata de ver en la donación, en la igualdad, en la comunicación de las personas divinas…, el modelo ejemplar de lo que debe ser nuestra convivencia familiar y social. Aprender de Dios Amor a ser amor generoso es la clave para vivir una paternidad que trascienda los apellidos.

Gracias, papás, que viven su paternidad como un don permanente, en clave de una generosa y confiada disponibilidad, en una fidelidad sufrida y gozosa, en un amor a prueba de años y de ideologías pasajeras. 

Bendigo a todos los papás en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas