Nada más importante. (XXXI Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B)

NADA MÁS IMPORTANTE
XXXI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

“Amarás al Señor tu Dios… Amarás a tu prójimo”
Marcos. 12, 28-34

San Martín de Porres, san Carlos Borromeo, san Martín Caballero son los santos más conocidos de los días primeros de noviembre. El mes empieza haciendo memoria de todos los Santos para que nadie se quede sentido y todos alcancemos un cachito del amor que vivieron y siguen irradiando porque el amor no muere.

Mi corazón se alegra cuando veneramos a un santo. A mi entender, cada santo es una canción de amor bien afinada, interpretada en el ritmo temporal y eterno del amor. Todos los santos dieron en el clavo: nada más importante que el amor a Dios y al prójimo.

Me extraña que en nuestro tiempo se vaya apagando el deseo y la aspiración a la santidad. Sería algo parecido a no querer crecer en el amor a Dios y al prójimo. Esto aplica, sobre todo, a quienes creemos en Cristo. ¿Y, los que no creen? ¿Estarán buscando traducir lo esencial de la vida cuando hablan de respeto a la dignidad de toda y todas las personas? ¿Y, el cada vez más amplio mundo de los indiferentes? ¿Estarán buscando lo esencial para la pacífica convivencia humana en el respeto, defensa y promoción de los derechos humanos? ¿Hay santos no creyentes?

Encontramos en el texto evangélico proclamado con un estudioso de la ley que se acerca a Jesús y le pregunta por el primer mandamiento. Jesús responde por el primero y por el segundo. El escriba aprueba la respuesta de Jesús. Y Jesús le dice: “No estás lejos del Reino de Dios”.

¿Cuál es la novedad? Jesús integra, sintetiza, reduce toda la ley a dos cosas que son una, o una cosa que son dos: “Amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo”. Quiere decir que nos salimos de lo esencial cuando dejamos a Dios sin prójimo, cuando el débil no es amado o no es preferido a todo lo demás. Dios está donde está el amor auténtico al más herido, al excluido… Y Dios no está cuando por elegir a Dios abandonamos al hermano a su suerte: “Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Jesús va a lo esencial, no menciona fechas, ni detalles. Cada uno tiene que hacer la traducción del amor a Dios y al prójimo desde su realidad y desde la del otro. No es suficiente hacer lo mandado y evitar lo prohibido. Se trata de amar, de ir al corazón de la vida, amar lo que hacemos y evitar hacer algo por amor. Lo permitido o prohibido, lo correcto y legal no llena del todo el corazón. Por ahí apunta Jesús cuando recalca: “Con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

Todos los Santos amaron ‘al 1000’. Buscaron, oraron, encontraron, amaron, se entregaron, intuyeron que el único camino de la bienaventuranza es hacer realidad lo que hoy escuchamos en el Evangelio. Creyeron en Jesús y le creyeron a Jesús. ¿Y nosotros peregrinos en el siglo XXI?

Con mi bendición y afecto.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas