Mirar lejos… por el camino. (III Domingo de Pascua, ciclo A)

MIRAR LEJOS… POR EL CAMINO
III Domingo de Pascua. Ciclo A.

Hemos vivido la CIII (103) Asamblea Plenaria de los Obispos Mexicanos la semana que termina. No ha sido un encuentro más, ni fácil. Nos propusimos avanzar en la elaboración de un Proyecto Global de Pastoral que aplique a la Iglesia en México los próximos quince años. Se trata del servicio que la Iglesia en México está llamada a dar para contribuir en la construcción de un México más justo, fraterno, en paz. Obviamente que la Iglesia tiene que empezar por examinarse a sí misma, en sus pastores, discípulos, estructuras y planes.

Todavía no estamos acostumbrados a hacer planes a largo plazo, a mirar lejos, a tener una visión de futuro, a gestar y elaborar proyectos. Como que vivimos al día nuestras responsabilidades pastorales. Me acordé de los discípulos de Emaús que esperaban mejores tiempos sin creer, ni esperar y, mucho menos, trabajar para hacerlo realidad (“nosotros esperábamos…”).

Los discípulos de Emaús en ese momento no eran capaces de ‘mirar lejos’, más allá de su tristeza, de su visión de lo inmediato (“…¿no sabes lo que ha pasado ayer en Jerusalén?”). Cuando reconocen al Señor Resucitado y se encuentran con Él, toda su mirada y visión de la vida cambian. Para conseguirlo tienen que volver a escuchar al Maestro, atender su testimonio, creer en que el Crucificado es el Resucitado y sentarse a la mesa eucarística con Él.

Los cristianos resucitados estamos llamados y urgidos a ser servidores y constructores de esperanza, es decir, mirar tan lejos como la fe en el Señor alcance para transformar y trascender. La esperanza no defrauda, decía el apóstol testigo, pero necesita de decisiones, gestiones y acciones concretas. Los discípulos de Emaús tuvieron que volver a la comunidad para seguir viviendo y alimentando su esperanza.

Los gestos de escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía siguen siendo actualizados cada vez que la Iglesia se reúne en comunidad para celebrar los santos misterios. Es entonces cuando a los discípulos de este tiempo “se les abren los ojos” y descubren a Jesús como alguien que alimenta sus vidas, los sostiene en el cansancio y fortalece por el camino.

Hemos de aprender la ‘lección de Emaús’. Mucha gente está abandonando la fe en Cristo y en su Iglesia, como aquellos discípulos de la primera hora. La solución no está en abandonar la Iglesia, ni al Señor Resucitado, sino en rehacer los vínculos con ella y con Él, en alguna comunidad, grupo, movimiento. Ahí podemos compartir y reavivar nuestra esperanza en Jesús.

El desafío de proponer un proyecto global de pastoral es mayúsculo. Su elaboración, finalidad, alcance y vinculación dependerá de la conversión personal y pastoral de los discípulos y pastores. Se trata de aceptar la presencia del Resucitado, citar sus palabras, comentar su estilo de vida, profundizar en su proyecto del Reino. Esto será posible si nos dejamos sorprender en el camino por el Peregrino Crucificado y Resucitado.
Con mi bendición pascual.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas