Mantos, palmas y cruces. (Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, ciclo C)

MANTOS, PALMAS Y CRUCES
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Ciclo C.

“Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos…”
Lucas 19, 28-40
“… Pilato les entregó a Jesús…”
Lucas 22,14 – 23,56

¿Por qué impactó tanto la pasión y muerte de Jesús a los primeros cristianos y sigue llamando la atención a la gente sencilla y al pueblo que sufre? El relato que hoy escuchamos ocupa un espacio mayor a otros relatos de la vida de Jesús y, muy probablemente, fue escrito a la luz de la Pascua antes del resto de los Evangelios. De igual manera, la cruz y las cruces ocupan un espacio que no ocupan otras realidades en la memoria religiosa, personal y colectiva, de nuestro pueblo. No hay duda que la pasión y la muerte en cruz de Jesús siguen presentes, impactan y cuestionan a creyentes y no creyentes.

Celebrar la Semana Santa es disponernos a conocer, reflexionar y vivir mejor nuestra fe-esperanza-caridad desde la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La presentación que hace Lucas de la llegada de Jesús a Jerusalén permite resaltar estos aspectos para profundizar el alcance del Domingo de Ramos: Jerusalén es el fin y el comienzo de una misión; entra montado en un burrito a entregar su vida; el texto recuerda la relación entre el Reino de Dios y la paz más que ningún otro evangelista. Todo acontece y es vivido bajo el signo de la entrega total, la compasión absoluta, la ternura infinita, la misericordia sin fin. 

Aunque el pueblo cristiano se reconoce mejor en las palmas, mantos y hosannas de la entrada de Jesús a Jerusalén, ya vislumbra y anticipa que todo va a terminar bien. Celebra el misterio de gloria que contiene la cruz de Jesús y representa con creativa esperanza los movimientos, gestos y palabras de Jesús en su camino hacia la muerte. Todavía nos impresiona la muchedumbre que acude a los templos el Domingo de Ramos, sale a las calles para aclamar a Jesús y retorna a casa con las palmas benditas como un signo de victoria y un trofeo de esperanza.

Nuestra vida de peregrinos y creyentes es una pasión que se pinta con los colores de la esperanza. De las palmas benditas y de la madera de las cruces hacemos brotar vida y esperanza. Son como árboles que tienen como savia la misericordia de Dios y están destinados a dar abundantes frutos. Lucas ubica la crucifixión de Jesús en un lugar llamado ‘la Calavera’ como diciéndonos que en los lugares mismos de la muerte (la calavera) se planta el árbol de la vida. Así, del amor compasivo y misericordioso del Hijo de Dios, brota la esperanza. La Pascua está en el horizonte de las palmas, mantos y cruces.

Iniciemos bien Semana Santa 2019. Vivamos con gratitud y esperanza el “tanto amó Dios al mundo”. Postrémonos en adoración ante el Justo y dejemos que los brazos de la Cruz del Crucificado nos abracen con infinita ternura, enorme misericordia y alegre esperanza. Muy pronto escucharemos la noticia de noticias.

Les acompaño y bendigo en el camino hacia la Pascua.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas