Lázaro entre los vivos. (V Domingo de Cuaresma, ciclo A)

LÁZARO ENTRE LOS VIVOS
V Domingo de Cuaresma. Ciclo A.

“Nuestro amigo Lázaro duerme”, pidió como epitafio un paisano antes de morir. Conocí a esta persona en su proceso de conversión y también en su lento y difícil proceso de morir. Hace años de esta historia de fe y de vida. Meditar largamente el texto evangélico de hoy transformó su vida e hizo de su muerte un arte de esperar, con la confianza del creyente, lo que su fe afirmaba y vislumbraba.

Cada tres años volvemos a proclamar, en el tiempo de Cuaresma, lo más grandioso que un ser humano y toda la creación puedan escuchar: la muerte es tránsito a la vida eterna, es parte de la pascua personal. Desde el bautismo fuimos injertados en la muerte y resurrección de Jesucristo. Él es nuestra Pascua. Escuchamos hoy la tercera catequesis que el catecúmeno asimilaba antes de ser bautizado en la Pascua.

El relato evangélico describe con sobriedad la resurrección de Lázaro. Lo que hace entender el hecho son los diálogos de Jesús con los discípulos y con Marta y María, hermanas de Lázaro. Lo importante de estos diálogos es que Jesús se revela como quien tiene poder de devolver la vida a Lázaro. La razón es que Él es la resurrección y la vida. Marta y María lo creen firmemente a la primera. Los otros discípulos tuvieron que recorrer el fatigoso camino de la fe con sus dramas, oscuridades y esperas.

El comportamiento de Jesús ante la enfermedad y muerte de su amigo es desconcertante. Vive, a la vez, dos sentimientos: conmoción ante la muerte de Lázaro y confianza en su misión y en su Padre. No se apresura, no se desespera; deja que pasen cuatro días para que resplandezca más la fuerza que el Padre le da. El milagro evidencia que la muerte no es la última palabra que Dios pronuncia sobre la vida.

La lección de las dos mujeres es clara: no piden a Jesús la resurrección de su hermano sino que creen en quien se revela como la resurrección y la vida. Creerlo firmemente es más que suficiente. Su hermano Lázaro vuelve a casa, vuelve a la vida. Sólo Dios tiene poder de resucitar muertos. Marta y María lo han visto y oído porque han creído.

En dos semanas celebraremos la Pascua cristiana. Quizás nosotros estemos como los discípulos que acompañaban a Jesús. Le pedimos a Jesús que socorra a nuestros amigos y familiares de la muerte, de la enfermedad, de las diversas muertes. Pareciera que Dios no acude cuando y como nosotros se lo pedimos. Sin embargo, el tiempo de Dios es salvación y está ahí donde parece imposible. ¿Qué son cuatro días? La fe cristiana nos invita a creer que el camino que lleva a la Vida pasa por la muerte; que no vemos bien hasta que algo muere en nosotros… Hay luz que sólo es posible vislumbrar después de la muerte. Cuando alguien muere pedimos ‘luzca para él/ella la luz eterna’.

Que al renovar las promesas bautismales tengamos presente la fe firme de las hermanas de Lázaro.

Con mi bendición todavía cuaresmal.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas