La puerta y los puentes. (IV Domingo de Pascua, ciclo A)

LA PUERTA Y LOS PUENTES
IV Domingo de Pascua. Ciclo A.

A estas alturas de la historia sabemos quién quiere construir ‘un muro’ a toda costa y costo; tenemos que aceptar que hay muchas clases de muros. Lo que no sabemos es quién o quiénes se animan a construir puentes; también tenemos que aceptar que hay muchos tipos de puentes. ¿Quién se anima a construir puentes? ¿Qué puentes en esta hora/era?

Muchas comunidades cristianas promueven este domingo las vocaciones sacerdotales y religiosas. Es el domingo del Buen Pastor… La invitación es para todos: ser buenos discípulos y pastores capaces de construir buenos puentes, de ida y vuelta; personas audaces que arriesgan ir a contracorriente.

Estamos a la mitad del tiempo pascual. Hasta ahora los evangelios dominicales han relatado las apariciones del Resucitado. Desde hoy hasta Pentecostés se nos presenta quién es el Resucitado en la comunidad de discípulos. Hoy dice Jesús a los suyos: “Yo soy la puerta de las ovejas…” La razón de ser de la puerta es la libertad para entrar y salir; para construir calles, avenidas y puentes por donde transiten las personas; para tejer relaciones fraternas, solidarias, humanas y divinas.

En la experiencia de cada día conocemos gente que busca entrar por ‘la puerta grande’, personas que te dan con la ‘puerta en las narices y personas que eligen entrar ‘por la puerta trasera’… Abrir la puerta, entrar por la puerta, ser la puerta es una expresión bella, significativa, comprometedora. Abrir la puerta de casa y dejar entrar a alguien es un gesto de confianza, de cercanía, de intimidad, de voluntad firme de/para hacer puentes de afecto y comunicación…

En el evangelio de este domingo de Pascua Jesús se define como la puerta. En la comunidad de los discípulos se entra por la puerta que es Jesús, el Resucitado. Al Padre se llega por Jesús: Él es la puerta de acceso a Dios. A la Vida Eterna se entra por Jesús: Él es la puerta-camino. Ni a Dios, ni a la Vida se entra a empujones, ni por presiones de ningún tipo. Se entra sólo por la fe en Él. Nada de muros, coacciones, amenazas; sólo la libertad de los hijos de Dios. Todo es cuestión de libertad porque el Resucitado es la manifestación suprema del amor divino. Él es el Pontífice (hacedor de puentes) porque nos ama infinitamente.

Si el Señor Jesús es la puerta de salvación, nosotros -Iglesia peregrina en este siglo- estamos llamados a ser puertos seguros donde acogemos a todo ser humano. “La Iglesia no es una aduana –dice el Papa Francisco-, es la casa paterna-materna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG, 47). No tenemos por qué cerrar la puerta a nadie… Más bien nuestra misión es tender puentes. ¿Quién se anima? Los puentes no se construyen solos. El Domingo del Buen Pastor es para que tomemos conciencia de ello y nos hagamos corresponsables. Promovamos las vocaciones para que la Puerta sea amada y los elegidos sean constructores de puentes.

Saludos a todas las madres.
Con la bendición pascual y mi afecto de discípulo pastor.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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