La luz y las luces. (IV Domingo de Cuaresma, ciclo A)

LA LUZ Y LAS LUCES
IV Domingo de Cuaresma. Ciclo A

Segunda catequesis de Cuaresma, ayer y hoy. El Evangelio describe la situación vital/existencial y la conversión de una persona ciega que es curada. Puede ser un individuo de ayer o alguien que vive en tiempos de Donald. El de hoy tiene muchas herramientas científicas para saber el diagnóstico/pronóstico/curación/corrección/paliativos, de su ceguera. El de ayer no habla de glaucoma, ni de tumores, sólo de una realidad existencial y de su curación : “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: Ve a Siloé y lávate. Entonces fui, me lavé y comencé a ver…” La evidencia de la fe.

El domingo de Pascua, desde la Vigilia de las vigilias, aclamaremos a LA LUZ que curó al ciego de ayer y busca curar también al del siglo XXI. Prepararemos, encenderemos y proclamaremos con la mayor solemnidad el anuncio de la Resurrección de Jesús. El centro de la celebración será Jesús, el Señor, quien cura a todos los ciegos y sus incontables y recurrentes cegueras. Escucharemos la historia de salvación, incluiremos nuestras historias de oscuridades y proclamaremos que Jesucristo es la LUZ. Encender cirios y velas del Cirio Pascual serán el signo de que todas las cegueras pueden ser curadas si creemos en el Resucitado; los que se bautizan en “el día que hizo el Señor” y quienes renovaremos las promesas bautismales.

La catequesis de Juan aplica a todos. Basta ponernos en la situación del ciego: no veía con claridad por qué y para qué vivía. Los discípulos de Jesús se interesan y lo cuestionan sobre la situación. El texto no ofrece ninguna indicación de tiempo, ni de lugar. Lo que se menciona es que Jesús va pasando. Quizás es para que entremos en escena junto al ciego y los inquietos discípulos. Sabemos las peripecias del ciego para creer en Jesús y su desenlace. Tú conoces los escenarios donde oyes pasar a Jesús y te dejas ver por Él.

El que recibe el bautismo se abre a una luz nueva que proviene de la fe. Ver ya no es cuestión de salud física. Con la fe, ver es cuestión de dejarse mirar por Jesús que no deja de pasar por nuestra vida. Él ha venido ha mostrarnos el camino para pasar de la oscuridad a la luz, de la ceguera a la visión, del miedo a la fe.

Muchas son las lecciones del exciego. Es cosa de repasar, asimilar y aceptar la ruta de la fe que tuvo que recorrer. Nos puede hacer mucho bien en esta Cuaresma dejarnos tocar por nuestro Señor. Descubriremos la eficacia de la obediencia, como el ciego. De seguro terminaremos viendo y creyendo en Jesús. Mantenernos en esa luz implica vencer muchas ofertas de luces artificiales que se venden en el mercado del mundo en el que vivimos y sobrevivimos.

Que al encender la vela recordemos que todo inició en nuestro bautismo. Estar conectados con Jesús es la garantía de que las cegueras terminan y la oscuridad ha dado paso a las auroras esperanzadoras de la fe.

Los bendigo con la vela encendida en el corazón.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas