La divina misericordia. (II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia)

LA DIVINA MISERICORDIA
Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

“Crecía el número de los creyentes en el Señor”, constata gozoso el autor de los Hechos de los Apóstoles. ¿Por qué? ¿Por el impacto de la predicación de los primeros apóstoles? ¿Por la acción del Espíritu Santo? ¿Por los frutos de sanación debidos a la acción misericordiosa del Resucitado? Indudablemente todo esto se unía en la misión que brotaba de la experiencia del encuentro con el Señor, a lo que había dado lugar el sepulcro vacío y las apariciones.

¿Serán las mismas razones de hace casi dos mil años? ¿Nuevas necesidades? ¿Nuevas llagas y heridas? ¿Qué condiciones para reconocer al Resucitado?

“Ocho días después estaban los discípulos reunidos a puerta cerrada…” La comunidad del Resucitado es todavía una comunidad débil; hay desconcierto, dudas, desesperanza (“estando las puertas cerradas por miedo a los judíos”). Se va a hacer fuerte y comenzará a organizarse cuando el Señor Jesús se haga presente en el centro, en medio de ella (“se presentó Jesús en medio de ellos”). Cuando se reconoce al Resucitado en medio del trajín de la vida se puede hacer frente a cualquier ‘miedo’; en ella se puede recibir con fruto el don de la paz, la certeza de la esperanza en la plenitud que espera a toda la creación y a la historia humana.

Dos mil años después Cristo VIVE pero no es reconocido por la mayor parte de la humanidad. Tomás pone como condición para creer en el Resucitado el “tocar” sus llagas. Las muchedumbres de nuestro tiempo no creen que las llagas del Crucificado sean las mismas del Resucitado; mucho menos que esas benditas llagas sean fuente de sanación.

“Por sus santas llagas gloriosas, nos proteja y nos guarde Jesucristo, nuestro Señor”, dice el sacerdote al incrustar granos de incienso sobre la cruz gloriosa pintada en el Cirio Pascual. Antes ha esculpido sobre la misma el año 2016. Llagas y resurrección son tan compaginables como muerte y resurrección. Tocar las llagas del Señor Jesús es salvación y dejar que Él toque las llagas y heridas de nuestra vida es la Divina Misericordia que todo lo hace nuevo. Tomás ‘metió su dedo…” en las llagas gloriosas de Jesús y creyó. Y, ¿nosotros?

Las llagas y heridas de nuestro tiempo son muchas y profundas. Nuestro mundo es un mundo herido y llagado de distintas formas. Así ha sido en el devenir de la historia. La resurrección de Jesús es la obra de sanación por excelencia de la parte más débil de la historia. Es la DIVINA MISERICORDIA que siempre genera vida multicolor. Por eso mismo quien se adhiere a ella es persona que apuesta por la vida, se apasiona y se compromete por hacer que ésta sea lo más plena posible. Las ‘coronillas’ que rezamos deberían ser coronas de gloria que impulsan en la edificación de un ambiente más humano y, por eso mismo, más divino.

Los saludo y los bendigo con las palabras del Señor Jesús: “La paz esté con ustedes”.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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