Humildad y amor desinteresado. (XXII Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

HUMILDAD Y AMOR DESINTERESADO
Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

Se me quedó grabado en el alma. Imposible olvidar aquella madrugada fría de la tercera semana de enero de 2007. No hallaba cómo comunicar a mi papá que había sido nombrado obispo. Como pude le dije y él, mirándome con inmensa ternura de padre, dijo con voz entrecortada: ‘hijo, mientras más alto subas, hazte más pequeño’. Francamente, no esperaba este comentario. ¿De dónde sacó mi papá este don de consejo? ¿Dónde aprendió a comunicar la sabiduría con humildad, prudencia y oportunidad?

“Hijo mío, hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas…”, dice el sabio en la primera lectura. “…El que se humilla será engrandecido”, afirma contundente Jesús en el Evangelio de este día. No me queda duda de que el Evangelio es la sabiduría de Dios que da el horizonte trascendente y totalizador a la sabiduría humana. Ésta se adquiere en la meditación de su presencia sencilla –de grano de mostaza– en las realidades pequeñas de cada día. La fe en Jesucristo es la más completa escuela de la vida.

Jesús –el maestro por excelencia– observa en la parábola que escuchamos el mundo pequeño de lo que sucede en un banquete para enseñarnos sobre el Reino de Dios. Allí, a diferencia de lo que sucede en nuestras fiestas, no habrá luchas por los primeros lugares, ni sillas apartadas, ni preventa de boletos; la igualdad humilde, vivida hasta lo máximo, va a engendrar el gozo de la fiesta sin fin. Entonces, cuando no haya nada que ganar, pobres hasta el extremo, el amor va a mostrar su rostro divino, su plenitud de resurrección.

El Reino de Dios es humildad y amor desinteresado, amor desinteresado y humildad. Por tanto, no se vale pisar los pies y la cabeza de los demás para trepar y ocupar los primeros lugares. En el Reino los lugares no se merecen, se reciben con humildad, son cuestión de amor genuino. Tampoco se vale pensar, planear y ejecutar proyectos teniendo como móvil amores interesados. En el Reino todo es gratuidad y misericordia.

¿Es posible vivir todo esto en una sociedad en la que todo parece que se compra/vende? ¿Cualquier acción humana, aún la hecha por cariño y amor, ha de recibir un pago? Si abrimos los ojos a nuestro alrededor vamos a mirar que sí hay amores desinteresados: los hechos a los pobres, a personas que nunca podrán pagarte. Hay voluntariados que se entregan sin reserva, pequeños gestos de compasión amasados en el silencio y la sencillez, amores fieles por encima de cualquier cálculo, acompañamientos gratuitos que sólo buscan el bien común. Hay personas sencillas que son sabias porque viven la humildad y el amor desinteresado.

Nuestro mundo necesita de cristianos que irradien la humildad y el amor desinteresado/misericordioso de Jesucristo. Su misión es ser fermento de bondad ante tantas corrupciones, sal de la tierra ante vidas desabridas, luz ante las confusiones y las mentiras prometeicas que siembra la soberbia. Sus tareas son construir humanidad, luchar contra una mentalidad que busca ante todo ser retribuida, implicarse en cuantos voluntariados sea posible.

Aprecio y agradezco la sabiduría humilde que comparten nuestros ancianos. Bendigo de corazón a la familia que les acompaña.

Con mi bendición y mi afecto.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas.

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