¿Futuro de plenitud? (XXXIII Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

¿FUTURO DE PLENITUD?
Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

El triunfo electoral del señor Donald Trump hace pensar a muchos espectadores en Estados Unidos y más allá de sus fronteras. ¿Es el fin del mundo? ¿El fin de un modelo de convivencia y de economía? ¿El fin de la credibilidad en las encuestas como forma de medir las posibilidades de triunfo de los candidatos? ¿Una llamada de atención para no confiar a ciegas en las tendencias de las diversas actividades humanas? ¿Acostumbrarnos a vivir en tierras movedizas? ¿Signo de los tiempos?El martes pasado ha significado un día importante para las diversas seguridades de individuos y naciones.

Los seres humanos vivimos de sueños. ‘Este día será mejor’ , expresamos en nuestros deseos. ‘Este gobierno nos llevará a la tierra prometida del bienestar sin fin’, comentamos. Sucede cada cierto tiempo en las democracias. Al fin de cuentas, la posibilidad de elegir a quienes pensamos son las personas más capacitadas para dirigir nuestras naciones, es una característica del -hasta ahora- mejor sistema político. No hay duda, deseamos, queremos, buscamos un futuro mejor para nosotros y las personas que nos acompañan y acompañamos en la vida. Y si no sucede así, ¿qué pasará?

Un nuevo gobierno, un nuevo ordenamiento social, un nuevo sistema económico, caras nuevas… son pensamientos y deseos que siempre están presentes en nuestros sueños y búsquedas. Así somos los seres humanos. No cambiar es otra posibilidad. ‘Vale más malo por conocido que bueno por conocer’ enriquece también el inventario de nuestras experiencias. Novedad y nostalgia son parte de las tensiones que hacen la vida de ciudadanos y naciones.

La Palabra de este domingo habla del futuro, del fin de la historia humana, de la segunda venida de Cristo. Las imágenes apocalípticas que usa el evangelista parecieran anunciar un final desastroso para Jerusalén y para todos. ¿Será así? ¿Dios Padre destruirá la obra de la creación con todo y sus hijos? El mismo lenguaje simbólico abre el horizonte y las puertas de la esperanza. El futuro es de Dios para sus hijos, por tanto, el futuro es la plenitud. La esperanza cristiana tiene su garantía en la resurrección de Jesucristo.

Pensar en el futuro puede provocar miedo, ansiedad, incertidumbre… Lo desconocido nos acalambra de muchos modos. No hay deseos que no se mezclen con temores. No nos extrañe que lleguen crisis y momentos difíciles en los que hay que elegir, decidir, tomar postura. En ocasiones sentiremos que se nos viene el mundo encima. El discípulo de Jesús tiene que enfrentar en su vida y en su entorno terremotos de variadas intensidades. Cuando Dios es Dios en nuestra vida el horizonte de nuestra esperanza nos hace ver las cosas de otra manera.

Si vivimos en el Señor será posible no ser aplastados, ni perecer ahogados en nuestros miedos. Fidelidad, esperanza y caridad son actitudes necesarias para un futuro pleno.

Con mi bendición llena de misericordia.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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