Entre cifras y generosidad. (XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

ENTRE CIFRAS Y GENEROSIDAD
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Otra vez, Pedro. Las preguntas que hace obligan a Jesús a buscar sus mejores respuestas. Jesús no desespera; más bien, lo mira y escucha con divina paciencia, se comporta con humana cercanía y le responde con delicada ternura y firmeza. ¿Afán protagónico de Pedro? ¿Pedagogía suave de Jesús? ¿Preparación escolar del que sería el primero de los apóstoles? ¿Te lo digo a ti, Pedro, para que lo entiendas, Juan? Algo hay de esto y mucho más.

En Pedro –como en todo hombre– se da la curiosidad, la inquietud, el afán de saber… y la contradicción. A veces se comporta como un hombre generoso; otras veces, como un hombre mezquino y calculador. Así somos los seres humanos, los de aquella época y los del cambio de época de hoy. La respuesta de Jesús sigue y seguirá siendo la misma: la generosidad es más que las cifras, el amor de Dios desborda los supuestos amores encerrados en cálculos aritméticos. La única medida de Dios es el amor.

En el Evangelio que escuchamos este domingo Pedro plantea a Jesús la pregunta sobre “cuántas veces tiene que perdonar al hermano”. Quizá la pregunta surge de una discusión entre los discípulos sobre el perdón. Parece que no habían llegado a ningún consenso. Entonces recurren al Maestro para resolver el asunto. Otra vez, Jesús. El auténtico proceso de aprendizaje del discípulo siempre está abierto a las sorpresas del Amor. Jesús responde con su persona y con una parábola.

A simple vista Pedro parece generoso y sale con una cifra que pudiera sonar excesiva: “¿Cuántas veces…? ¿Hasta siete veces?”. No sabemos si Pedro buscaba la perfección  siete) o quería poner límites al perdón al encerrarlo en un número… ¿Qué va a pasar cuando se llene el cupo de ‘perdones’? ¿Ya no te perdono más? ¡Qué tranquilidad nos darían esas matemáticas! Y nosotros tan dados a ‘llevar cuentas’ de lo que nos hacen, a procurar el nefasto ‘ajuste de cuentas’.

La respuesta de Jesús es contundente, aun numéricamente: “… Hasta setenta veces siete”. Es una multiplicación que no da como resultado una cifra, más o menos elevada, sino un adverbio: siempre. En otras palabras, hay que pasarse la vida perdonando. A todos y siempre. El perdón como estilo de vida. La misericordia triunfa sobre el juicio, dice Santiago. La gratuidad del amor de Dios es extrema, no pide nada a cambio, enseña la parábola que escuchamos.

El perdón es indispensable para lograr la reconciliación y la paz, predicó el Papa Francisco en Colombia, la semana pasada… El perdón debería ser una constante en la vida del cristiano. Humanamente parece inalcanzable, imposible. El perdón del que habla Jesús es un fruto del Reino de Dios que hay que pedir y trabajar. Solamente si nos dejamos tocar por el perdón de Dios seremos capaces de perdonar. “… Perdónanos, como nosotros perdonamos…”

Que el Señor nos dé su gracia para perdonar siempre y de todo corazón.

Con mi afecto y mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas