Encendamos la vela de la esperanza. (I Domingo de Adviento, ciclo B)

ENCENDAMOS LA VELA DE LA ESPERANZA
I Domingo de Adviento. Ciclo B.

¿Qué tanto puede iluminar/encender una vela? Lo que la dejemos. Es difícil imaginar lo que puede desencadenar esa lucecita en los momentos sombríos y fríos que hay en la vida. Una vela colocada mirando al cielo, o a cualquier lado, puede disipar oscuridades, indicar el rumbo por donde ir y darnos la seguridad de la tierra que pisamos. Su calor puede darnos el ánimo y la confianza que necesitamos para levantarnos de situaciones que parecen aplastarnos. Una vela encendida puede hacer nacer y renacer la esperanza.

La Palabra proclamada en el inicio de un nuevo Año Litúrgico (ciclo B), en el principio de un nuevo recorrido por la historia de salvación (año par) es una cálida invitación a estar atentos y vigilantes ante el horizonte de la vida y la ruta a recorrer. La comparación del viaje y el viajero nos pone en guardia para que la vigilancia se convierta en observatorio de los tiempos que vivimos, y la atención, en trabajo común y solidario. Cada año nos encuentra en situaciones nuevas. Cada quien sabe su momento en el viaje de la vida.

Escuchamos esta Palabra en contextos y entornos de desesperanza. Las interminables violencias que contaminan el ambiente, las inseguridades que siembran incertidumbre, las desconfianzas que enferman las relaciones humanas, las maldades que pudren corazones, las indiferencias que matan lentamente… pueden herir gravemente la esperanza final y entorpecer las esperas de cada día. Pero, a pesar de estas malas noticias, hay luces que iluminan y encienden sueños y proyectos. No dudo que en la mayor parte de los hogares hay canteras enormes de valores que pueden alimentar la esperanza, prender el entusiasmo, ponernos en el camino correcto, unir voluntades…

¡Es tiempo de Adviento! Entrar en él es aceptar la invitación para activar la esperanza, la humana y la divina. La nuestra que no soporta el mal y se resiste a la costumbre de vivir en él… Y la que se fundamenta en el amor fiel y misericordioso de Dios y se sustenta en “la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.

Iniciar el Año Litúrgico con el Adviento es entrar en una historia de salvación en la que Dios lleva la delantera infinita en el amor, la vida, el futuro. Corresponde a nosotros estar atentos a su paso, vigilantes, despiertos. Quizás la gran tragedia de nuestros males es que hemos sacado a Dios de ‘la jugada’ del presente de la vida y de su horizonte total. Cuando queremos salvarnos a nosotros mismos perdemos el rumbo, la ruta, la esperanza. Dios quiere escribir con nosotros historias de salvación en este presente convulso y en el futuro incierto. Este Adviento puede ser la hora de Dios si estamos atentos y vigilantes.

Encendemos la vela de la esperanza. Es el Señor Jesús quien viene a sacarnos de nuestra fe adormilada y de nuestra esperanza sin chispa. Las ‘temporadas’ pasarán. Sólo la Palabra del Señor permanece. Ojalá nos hagamos presentes y escuchemos.

Ven, Señor Jesús, muéstranos tu favor y sálvanos.

Los bendigo con la esperanza bien activada.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas