El pan que nos hace sabios. (XX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B)

EL PAN QUE NOS HACE SABIOS
20º Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.

Los estudiantes han vuelto a la escuela y la escuela se ha convertido, otra vez, en su casa–hogar en los próximos meses. El calendario escolar es también el calendario de familias, sociedades y gobiernos. Casi todos asumimos el ritmo de vida que se nos indica. Desde que la inteligencia humana descubrió la necesidad de sistematizar y organizar el aprendizaje ha sido así. El presente curso escolar no es la excepción.

En el espacio–tiempo–ambiente de la escuela convergen individuos, familias, profesores, administradores, gobiernos, comerciantes… Esto es lo que se ve por fuera y desde lejos. ¿Qué sucede y acontece en el interior de los actores de la enseñanza y la educación? Seguramente es la esperanza de hijos y ciudadanos mejores para generar un entorno sano y así contribuir a mejores condiciones de vida para todos.

¿Qué anhela y busca quien entra en la escuela? De seguro no es por una gastada costumbre o un sueño más. Hay intenciones y deseos que van más allá del momento. Enseñar-aprender, dar-recibir, salir-entrar, acertar-equivocarse, buscar-encontrar… son verbos que hay que saber conjugar en todos los tiempos, modos y circunstancias. Educar es un arte y acto de amor. El fin es aprender a amar como estilo y sabiduría de la vida.

¿Quién y quiénes aportarán el capital y la fuerza para sacar adelante el fin de la educación? ¿Qué alimento será más nutritivo para que nadie se quede a medio camino? La vida nos enseña que, más que alimentarnos de cosas, necesitamos personas que sean buenas como el pan, que nos escuchen, atiendan, comprendan, acompañen. ¿Es suficiente?

Hoy escuchamos –providencialmente– la reflexión que el sabio hace acerca de la sabiduría, símbolo del Espíritu de Dios. La presenta como una persona que actúa, dice cosas, toma decisiones y se propone a sí misma como referente y modelo de vida. Hoy la vemos preparando un banquete en el que se sirve vino y pan, con el pretexto de inaugurar y abrir las puertas de la casa que se ha construido. Los invitados a comer son los sencillos y los faltos de juicio.

En el Evangelio Jesús se afirma, ofrece y presenta como el pan vivo que ha bajado del cielo… para que el mundo tenga vida. La sabiduría es el mismo Jesús que se hace el alimento por excelencia, el que nutre verdaderamente (pan) y propicia el encuentro fraterno (vino). El pan vivo y el vino nuevo es la persona de Jesucristo quien proviene de Dios, sabiduría de Dios y promesa de vida eterna. Este alimento está al alcance de la fe y se sirve en la mesa-altar de la Eucaristía.

Que la Eucaristía sea el alimento que nutra y fortalezca no sólo al inicio y al final del curso. Las mesas del altar, el hogar y la escuela necesitan ser servidas todo el año. Fe y razón, ciencia y conciencia, fe y sabiduría, individuo y sociedad, Iglesia y Estado… se necesitan mutuamente. Una educación integral requiere una visión integral de la vida para formar personas íntegras e integradas.

Ven, Espíritu Santo, llénanos de sabiduría.
Con mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas