El miedo y los miedos. (XII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

EL MIEDO Y LOS MIEDOS
12º Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

En cuatro ocasiones pone el evangelista en labios de Jesús “no tengan miedo”, “no teman”, en el texto evangélico proclamado este domingo. ¿Por qué? ¿Desconfianza de Jesús en los suyos por la debilidad de su fe? ¿Conocimiento de la condición humana? ¿Previsión de lo que tendrían que enfrentar sus seguidores, su iglesia? ¿Otra forma de decir ‘tengan fe’? Me hace pensar la insistente repetición de Jesús; como que mira hacia un futuro de turbulencias en la comunidad de sus discípulos, en aquel tiempo y en el presente y futuro de todas las generaciones.

El miedo existencial es propio del ser humano. Cada quien lleva por dentro, inevitablemente, el miedo y los miedos que le acompañan. Unos vienen de dentro, otros de fuera. Unos paralizan, otros avisan peligro en el camino, a la vista o escondido en ropajes diversos y coloridos. Cada miedo tiene una razón y una función. La solución/respuesta al miedo y los miedos depende de lo que hacemos con ellos. No concibo a un ser humano sin miedo/miedos, desde el nacimiento hasta la muerte. Algo bueno debe venir en el centro del miedo o en sus envoltorios. El paquete genético de la vida los incluye.

En el Evangelio que escuchamos y meditamos este domingo es notoria la aparición de una comunidad amedrentada por miedos diversos. La respuesta de Jesús es la invitación a “no tener miedo”. ¿Qué razón les/nos da para no tener miedo? En un principio la confianza en que la verdad triunfa siempre al final: “No hay nada oculto que no llegue a descubrirse”. Pero hay algo más: te pueden quitar todo, quitarte de en medio, pero no te pueden quitar tu interioridad, tu verdadera vida, tus convicciones, tu vida, tu verdad, tu fe, tu Dios, aquel en quien has puesto todo tu ser. Es más, si alguien intenta quitarte a tu Dios, Él dará la cara por ti, no te dejará en desamparo. Tan fundamental y decisiva es la fe en Dios en el camino de la vida.

Lo verdaderamente importante, lo que nos da sentido, lo que nos da razones para luchar en la vida… nada ni nadie nos lo puede quitar. Estamos en las mejores manos, las manos de Dios. Es el milagro de la fe-confianza. Dios nos conoce bien. Dios nos ama infinitamente. Dios nos cuida bien. Dios es el mejor seguro contra toda inseguridad. Asegurarse en Dios es tener la vida asegurada para siempre. Las imágenes con que se describe la confianza filial son de una extrema finura: “Los pájaros del cielo… Hasta los cabellos de su cabeza están contados… Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo…”

En tiempos de tantas pobrezas nos condenaríamos a la peor desesperación si perdiéramos la fe en Dios, nuestro Padre. La tentación de borrar a Dios del mapa de la vida nos acecha. Jesús nos repite hoy, muchas veces: “¡No teman!” que es otra manera de decir: “¡Tengan fe!”. ¿Creemos verdaderamente?

Los abrazo con la bendición de Dios y mi afecto fraterno.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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