El camino, las veredas y los atajos. (V Domingo de Pascua, ciclo A)

EL CAMINO, LAS VEREDAS Y LOS ATAJOS
5º Domingo de Pascua. Ciclo A.

Tomás aparece pocas veces en los escenarios del Evangelio. Pareciera que es actor de papeles secundarios. Sin embargo, las preguntas que hace interesan a los caminantes/peregrinos de cualquier pueblo o ciudad, en las más variadas circunstancias o periferias en que se encuentren. ¿Recuerdan sus dudas para creer en el Resucitado? Son las mismas que se hacen los caminantes de nuestro tiempo aunque viajen en aviones de última generación, en burro, en ‘ecobicis’, o a pie.

En el Evangelio que escuchamos hoy, Jesús anuncia que se va, que su partida de este mundo está cercana. Tomás, con un agudo sentido común y sin mala intención, le pregunta a dónde va. Es lógico, necesita entenderlo para saber el camino a transitar y a quiénes va a invitar para que lo acompañen. El ambiente es de nervios y ansiedad en el grupo. Judas acaba de retirarse; los que permanecen en esa peculiar sobremesa no saben qué hacer, están asustados y desorientados. Quedarse huérfanos no presagia un buen futuro y eso de que “en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones” está fuera del alcance de su entendimiento. Felipe, más reservado que Tomás, hace otra pregunta para buscar alguna luz.

La respuesta de Jesús es clara: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”. Sin embargo, la duda de Tomás persiste… Todo se va a empezar a aclarar después de la resurrección. La fe en el Resucitado es un largo y fatigoso proceso. Llegar al “Señor mío y Dios mío”, la firma de su confesión de fe, expresará su aceptación humilde de que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Esto marcará su paso de discípulo a testigo y de testigo a apóstol.

Ir al Padre, trabajar por ir al cielo, desear la gloria eterna… no están en la mochila de nuestros intereses. No sé a qué nos suene todo esto cuando ‘asistimos’ a una misa de difunto… Nos estamos acostumbrando a pensar a corto plazo, buscar lo inmediato, aceptar solamente lo que vemos, trabajar por lo útil… a vivir al día. Hablamos de buscar el éxito a cualquier costo. Trascender es algo que se queda en las emociones del momento. Sin embargo, la pregunta sobre el sentido de la vida está agazapada en nuestros anhelos y luchas de cada día. Lástima que nos conformemos con las avenidas, veredas y atajos que nos ofrecen los mercados de la felicidad de nuestro tiempo.

Todos somos –de alguna manera– Tomás y Felipe. Aprendamos de ellos. Las dudas y preguntas sobre el ‘más allá’ ya tienen la respuesta en Jesucristo: Él es la verdad verdadera, el camino seguro, la vida que lleva a la Vida. Sólo Jesús es el Señor, el único que puede decir que es el Camino hacia el Padre.

Que el “no pierdan la paz” resuene en el ‘más acá’ esta Pascua y siempre.

Felicitaciones a todos los maestros/as.

Con mi afecto pastoral y la bendición pascual.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas