Dos hombres subieron. (XXX Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

DOS HOMBRES SUBIERON
Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial de las Misiones. El objetivo es que el cristiano sea consciente y se haga responsable en la misión evangelizadora que brota de su bautismo. El “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos…” sigue vigente en el siglo XXI. Apoyar integralmente a las iglesias por nacer y a las iglesias jóvenes es una responsabilidad compartida en/por la Iglesia universal.

El mandato misionero de Jesús tiene hoy nuevos desafíos pero también nuevas oportunidades para evangelizar. Los escenarios reales y virtuales que hay en “todos los pueblos” pueden ser tierra buena para la semilla del Evangelio. El Papa Francisco nos recuerda que todos estamos invitados a ‘salir’ para llevar el mensaje de la ternura y la compasión de Dios a toda la familia humana. La Iglesia tiene la misión de anunciar/celebrar/testimoniar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio.

En el Evangelio de este domingo escuchamos otra catequesis sobre la oración. ¿Qué tiene que ver ésta con la evangelización? Si la misericordia es el corazón palpitante del Evangelio, la oración es escuela de encuentros palpitantes que suscita el Evangelio. No pueden separarse una de otra; tampoco pueden separarse de la la vida. Si el Evangelio es la buena noticia de salvación de parte de Dios, la oración es el grito suplicante y agradecido de parte del hombre. La misión de la Iglesia, por tanto, de los bautizados, es anunciar el Evangelio orando y orar anunciando el Evangelio. Por eso la evangelización se hace celebración litúrgica y ambos están invitados a convertirse en testimonio de vida solidaria.

La forma de evangelizar es tan importante como la forma de orar. Jesús, a través de una parábola, nos enseña hoy la forma de orar con y desde la vida. La oración del fariseo es falsa, autocomplaciente, ególatra; no necesita de Dios y desprecia al prójimo. Su oración refleja una vida alejada de Dios y lejana al hermano. No hay Evangelio, no hay espacio para él en su corazón.

En cambio, la oración del pecador público es humilde; está marcada por el arrepentimiento y el deseo de la verdad del perdón que libera. Los gestos de quedarse a distancia, mirar hacia abajo, golpearse el pecho, no sólo expresan su reconocimiento de ser pecador, sino también su fe de que puede ser acogido por la misericordia de Dios. Hay Evangelio; sale justificado.

La oración brota de la vida, expresa la forma de ver la vida, no hay duda. En la forma de proceder de los orantes en la parábola se ve con claridad. A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Francisco en Morelia: “Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas, porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas” (16 febrero 2016).

Orar y aceptar el mandato misionero nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a ser audaces y creativos en una nueva ‘salida’ misionera.

Que la jornada de hoy sea permanente.
Con mi bendición misionera.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas