Dios es alegre. (II Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C)

DIOS ES ALEGRE
II Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

“El primer signo de Jesús, en Caná de Galilea”
Juan 2,1-11

¿Cuántas bodas habrán sido celebradas desde las famosísimas bodas de Caná? Quizás algún coleccionista de datos o algún aficionado a los ‘numeralia’ hayan intentado alguna aproximación… En nuestro tiempo se llevan registros en lo civil y, desde luego, en los archivos parroquiales. Una realidad que preocupa es que los matrimonios (los originales) están disminuyendo dramáticamente tanto en lo civil y como en lo religioso.

La forma de preparar, iniciar y vivir el matrimonio ha ido evolucionando como tantas instituciones que el ser humano ha creado para favorecer la vida y la convivencia humana. La manera de hacer la fiesta en el inicio del matrimonio y en fechas significativas de aniversario también ha cambiado. El hecho de que disminuyan los matrimonios por las leyes civiles y religiosas nos invita a pensar qué está pasando y por qué se están sustituyendo. Es obvio que todo esto repercute en el presente y futuro de la familia, la sociedad y la Iglesia.

Me cuestiona el hecho del miedo para asumir compromisos duraderos y/o definitivos. ¿A qué se debe tanta inseguridad? ¿Falta de fe en las posibilidades infinitas del amor? ¿Está cambiando el valor y la verdad del amor? ¿Se ha convertido en un producto más en los mercados de la sociedad de consumo? ¿La fe en Dios es algo intrascendente? ¿Dios es un estorbo insoportable para vivir el amor?

En el Evangelio de hoy una boda, una fiesta y un banquete se convierten en ‘lugar santo’ donde el amor entre un hombre y una mujer (seis tinajas) se convierten en ‘templo santo’ donde Dios se manifiesta (el vino mejor y en abundancia). Caná es otra Epifanía de Dios en su Hijo Jesús, en un ambiente netamente humano, de fiesta y, al mismo tiempo, en los apuros de que esta fiesta termine. Jesús se revela como novedad y alegría.

Que nadie diga que Dios es triste, mucho menos una carga. El primer signo (milagro) de Jesús es para que la alegría no decaiga, la fiesta no se convierta en aburrimiento y el banquete nunca termine. Jesús trae novedad, alegría y fiesta a la vida. En la fiesta de la alianza entre dos seres humanos, hombre y mujer, Jesús manifiesta la nueva alianza entre Dios y los hombres que con él se inaugura. Pablo lo recordará más tarde a los cristianos de Éfeso cuando refiere este misterio (sacramento, epifanía) a la unión de Cristo con su Iglesia (cf 5,32).

¡Qué lección de confianza nos da la boda de Caná! Tener de invitado a Jesús y encontrarse en la vida con Él no será jamás motivo de tristeza, ni de soledad. María, también invitada a la boda, nos da la clave de la confianza, la seguridad y la alegría: “Hagan lo que él les diga”. Entonces, ¿por qué dudamos del amor de Dios y de las posibilidades del amor humano? Recordemos que la confianza en el amor empezó en el bautismo.

Los abrazo con aroma de azahares y los bendigo con el vino nuevo que se sirve desde Caná.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas