De la misericordia brota la esperanza. (Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, Ciclo C)

DE LA MISERICORDIA BROTA LA ESPERANZA

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Ciclo C

¿Por qué impactó tanto la pasión y muerte de Jesús a los primeros cristianos? ¿Por qué la pasión llama tanto la atención, sobre todo, a la gente sencilla y al pueblo que sufre? El relato que hoy escuchamos ocupa un espacio mayor a otros relatos de la vida de Jesús y, muy probablemente, fue escrito –a la luz de la Pascua– antes del resto de los Evangelios. De igual manera, la cruz y las cruces ocupan un espacio que no ocupan otras realidades en la memoria religiosa, personal y colectiva, de nuestro pueblo. No hay duda que la pasión y la muerte en cruz de Jesús siguen presentes, impactan y cuestionan a creyentes y no creyentes.

Iniciamos la Semana Santa 2016 en el año jubilar de la misericordia. En el evangelio de Lucas la misericordia de Dios ocupa un lugar preponderante. No es de extrañar que su narración de la pasión esté llena de alusiones y profundos significados acerca de las implicaciones y frutos de la misericordia. Desde el “hagan esto en memoria mía” de la última cena hasta el “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” –las últimas palabras de Cristo en la cruz antes de expirar– encontramos la misericordia de Dios en acción. Todo acontece y es vivido bajo el signo de la entrega total, desde el amor hasta el extremo. Es la compasión absoluta, la ternura infinita, la misericordia sin fin la que se manifiesta y se da en el Crucificado, Hijo de Dios, rostro ensangrentado de la misericordia del Padre.

Aunque el pueblo cristiano este domingo se reconoce mejor en las palmas y en los hosannas de la entrada de Jesús a Jerusalén, ya vislumbra y anticipa que todo va a terminar bien. Celebra el misterio de gloria que contiene la cruz de Jesús y representa con creativa esperanza los movimientos, gestos y palabras de Jesús en su camino hacia la muerte. Todavía nos impresiona la muchedumbre que acude a los templos el Domingo de Ramos, sale a las calles para aclamar a Jesús y retorna a casa con las palmas benditas como un signo de misericordia y un trofeo de esperanza.

Nuestra vida de peregrinos y creyentes es una pasión que se pinta con los colores de la esperanza. De las palmas benditas y de la madera de las cruces hacemos brotar vida y esperanza. Son como árboles que tienen como savia la misericordia de Dios y están destinados a dar abundantes frutos. Lucas ubica la crucifixión de Jesús en un lugar llamado ‘la Calavera’ como diciéndonos que en los lugares mismos de la muerte (la calavera) se planta el árbol de la vida. Así, del amor compasivo y misericordioso del Hijo de Dios, brota la esperanza. La Pascua está en el horizonte de las palmas y de las cruces.

Iniciamos Semana Santa 2016. Vivamos con gratitud y esperanza el “tanto amó Dios al mundo”. Postrémonos en adoración ante el Justo y dejemos que los brazos de la cruz nos abracen con su misericordia.

Los acompaño en el camino.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *