Dar frutos en tiempos de aparente esterilidad. (III Domingo de Pascua, Ciclo C)

DAR FRUTOS EN TIEMPOS DE APARENTE ESTERILIDAD

Tercer Domingo de Pascua. Ciclo C.

Hoy hablamos de resultados. Sin ellos nadie puede aspirar a ser contratado, ni ser exitoso en un negocio que emprenda por cuenta propia. Todos queremos ganar ganar, aunque el proceso lleve tiempo, un tiempo razonable. El ejemplo de la higuera del Evangelio es un recordatorio permanente. El sentido común es una voz cercana ‘sin vuelta de hoja’.

El Evangelio del tercer domingo de Pascua es un bellísimo canto a la vida en abundancia. La multitud de peces habla de la fecundidad del Resucitado en la vida diaria. Los nombres de las personas del cada día, la amistad, el oficio, las fatigas, el esfuerzo, las frustraciones… sobre todo, el ambiente de comida con comensales gratuitos y la realidad gratificante de la mesa del recién revelado banquete de vida eterna… hablan de vida fecunda. En el Evangelio no hay pretexto para no producir frutos. El Resucitado es exuberancia, vida en plenitud, fecundidad sin límites.

La fecundidad del Resucitado se hace realidad en el servicio que nace del amor y se expresa en la entrega incondicional. Él “Pedro, ¿me amas más que éstos?” es una pregunta constante, aplicable a los que creen en la fecundidad del Resucitado. De ahí que ‘pastorear’ tiene necesariamente la traducción de servir con humildad, alegría y eficaz caridad.

Jesús ha seguido el camino de la entrega total; no se puede pedir menos a sus discípulos. La fecundidad exige cultivar diariamente el amor de entrega; no florece en macetas, ni sólo con buenos deseos. Cuando Pedro se “anuda a la cintura la túnica” hace lo que Jesús hizo en la última cena. Con este gesto se nos indica que la única manera de reconocer al Resucitado y ser su discípulo es servir, ponerse el delantal todos los días y hacer del servicio estilo alegre de vida.

Divina Misericordia, contemplamos y agradecimos el domingo pasado. Hoy es la misma Misericordia que se hace fecundidad en el diario vivir. El amor, el “tú sabes que te amo” puede convertir los desiertos en vergeles de misericordia. Cuando damos sin medida, al estilo divino, los frutos están asegurados, la red se llena de peces.

No debiera haber cristianos estériles en una sociedad tan necesitada de la fecundidad del amor de Dios. Los frutos de la Pascua están ahora en nuestra cancha. ¿Jugamos a la ofensiva?

Bendigo con amor pascual a sus familias.

+ Sigifredo

Obispo de/en Zacatecas

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