Danos el don de discernimiento. (Domingo de Pentecostés)

DANOS EL DON DE DISCERNIMIENTO
Domingo de Pentecostés, 2018

“El Espíritu de la verdad los irá guiando hasta la verdad plena”.
Juan 15, 26-27; 16,12-15

Cada año la celebración de Pentecostés abre la oportunidad para que la creación se vista de la novedad que puede suscitar el Espíritu del Resucitado. Renovar la faz de la tierra, con todo lo que anhelan y viven sus habitantes, puede ser una grata realidad. Cada año aporta rostros y situaciones que requieren una buena sacudida para que brille la luz de la verdad y la mirada pueda penetrar en las oscuridades para iluminarlas y transformarlas. Pentecostés es y puede llegar a ser una permanente primavera de renovación para la Iglesia y sus bautizados. Pero… el Espíritu no actúa con un pragmático touch.

La faz de la tierra que llama la atención tiene varias tonalidades de gris. Distinguirlas, buscar las causas, tomar decisiones, compartir responsabilidades exige grandes dosis de discernimiento espiritual y moral. Es que fácilmente nos acostumbramos a vivir sin interioridad, sin raíces y sin metas. Las grandes cuestiones de la existencia poco interesan. Nos hemos hecho más escépticos, frágiles e inseguros. Queremos ser libres e independientes pero nos sentimos cada vez más solos, sin verdad y sin paz. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear relaciones sólidas y contactos vivos… El Espíritu necesita encontrar apertura de nuestra parte para renovar aspiraciones y relaciones.

Vivimos Pentecostés en 2018, año de elecciones. Tomaremos decisiones que exigen un profundo discernimiento en la verdad. El ambiente electoral aparece plagado de incertidumbres; corremos el riesgo de tomar decisiones basados solamente en reacciones. Parece que el desencanto gana espacios vitales de la sociedad. Campañas que le apuestan a noticias falsas, al encono, al juego de lodo, a la exhibición de inmoralidades, al desencuentro… no ayudan a vislumbrar un futuro decente, alejado de la corrupción. El Espíritu necesita de corazones humildes y abiertos para sanear la faz de esta tierra.

Pentecostés es el acontecimiento de la vida por excelencia, de la exuberancia del amor, de las enormes oportunidades de la nueva creación. La vida nueva que anuncia el acontecimiento que celebramos es descrita como fuego, aliento, soplo, viento, fuerza. Es la verdad plena al alcance de todos. Pero necesita de hombres y mujeres que madruguen, de la velocidad de Juan, del lento pero decidido Pedro, de discípulos que se dejen capacitar por el Espíritu. El Pentecostés 2018 necesita de testigos creíbles, alegres, audaces.

Uno de los grandes milagros de Pentecostés es la comunicación entre personas diferentes y dispersas. El Espíritu llena del fuego del amor a los discípulos para que construyan comunidad, le apuesten a la reconciliación, hagan de cada prójimo un hermano, tejan lazos de solidaridad, generen responsabilidades… Todo en la verdad y en la caridad.

La faz de la tierra no puede renovarse sin el ánimo y la luz que proporciona el Espíritu Santo, señor y dador de vida. ¿Habrá Pentecostés 2018 en casa, sus entornos y coyunturas?

Ven Espíritu Santo, llénanos de tus dones… Especialmente del don de discernimiento.

Con inmenso gozo pascual, invoco al Espíritu Santo sobre ustedes

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas.