¿Cortos de esperanza? (III Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

¿CORTOS DE ESPERANZA?
III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Parece que la cuesta de enero se hace más pesada a medida que avanzan los días. La información que surge, en tiempo real, acerca de hartazgos sociales y hechos violentos -de chicos y grandes- en distintos lugares del país va sembrando cierta pesadez y preocupación en el ánimo de padres de familia, gobiernos y sociedad en general. El presente, el futuro y el ‘buen final’ de la cuesta aparecen cada vez con más interrogantes, confusiones, convulsiones y más. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quién empieza? ¿Quién hace cabeza?

Las crisis existenciales -personales y sociales- debieran provocar, al menos, reflexiones inteligentes, deseos de solidaridad y colaboración con personas e instituciones para llegar bien librados a la cima de la cuesta. Pero, ¿no asoma su cabeza la tentación de tirar la toalla? ¿De echar la culpa de todo a una sola persona, partido, institución? Y después, ¿qué, quién, cómo? Quisiéramos soluciones mágicas para los problemas que no han aparecido por arte de magia. Ojalá no perdamos la esperanza de que, sólo si la activamos con medios concretos colaborativos, vamos a encontrar una salida que resuelva estructural y gradualmente las crisis que vivimos. Lo peor, creo yo, es manipular/prostituir/comerciar con la esperanza.

La Palabra de este domingo, la única capaz de trascender coyunturas y estructuras, proclama que la esperanza activa tiene sentido y es garantía para llegar bien librados hasta el final final si está fundada y sostenida en Jesucristo.

Contemplemos y adentrémonos en el escenario evangélico:

– Jesús predica con entusiasmo y valentía ante la tremenda crisis provocada por el arresto del Bautista. No tiene miedo. Su esperanza no depende de la psicosis del momento.

– Jesús le apuesta a las periferias, no a las soluciones de los centros de gobierno político y religioso de Jerusalén. Galilea es señal de que en las tinieblas, la confusión y las sombras de muerte puede aparecer la vida del futuro. “Los que andaban en tinieblas vieron una gran luz”, proclama el profeta.

– Jesús anuncia el Reino de Dios, es decir, la posibilidad y la garantía de que el amor, la justicia y la paz pueden ser una realidad. Dios mismo lo afirma y lo firma en Jesús que “curaba a la gente de toda enfermedad y dolencia” y en el testimonio supremo de su muerte en cruz para el perdón de los pecados. Pero… falta que lo firmemos nosotros por la fe en Él y la huella visible de la conversión.

– Jesús ha querido necesitar de colaboradores, gente como tú y yo, que testimoniemos el mensaje de la esperanza. Como llamó a los discípulos de la primera hora, ahora nos llama en esta hora de 2017. Ojalá que no nos quedemos con los brazos cruzados ‘viendo en las pantallas’ lo que pasa en este mundo. ¿Le entramos?

Los sucesos injustos, violentos y crueles que observamos como actores y espectadores interpelan a nuestra esperanza. Quizás, por estar subiendo con fatigas la cuesta de enero, nos ‘agarran’ más sensibles… Pero también puede ser el tiempo oportuno para escuchar ‘hasta el fondo’ el llamado urgente de la conversión. La paz, la solidaridad, la confianza, la responsabilidad, la alegría de vivir y convivir están al alcance de nuestra conversión. El Reino de Dios está tan cerca como nosotros se lo permitamos.

“El Señor es mi luz y mi salvación”, respondemos hoy con el salmo 26.

Con mi abrazo fraterno y mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *