Cordero de Dios, modelo 2017. (II Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

CORDERO DE DIOS, MODELO 2017
II Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Hace unos días escuché un lamento, no sé si de impotencia, desesperanza, conformismo o de algo parecido… La persona comentaba que ni Dios ha podido erradicar el mal que anida en el corazón humano y las estructuras de convivencia que la humanidad se ha dado a través de los siglos para vivir en paz y satisfacer dignamente sus necesidades. Esto lo decía a propósito de los sentimientos negativos y reacciones destructivas que ha provocado el ‘gasolinazo’ con el que iniciamos el año 2017 después de la primera Navidad. No hay duda de que el gozo esperanzador de Navidad y de un Año Nuevo se ha tornado en incertidumbre, frustración, preocupación y lo que vaya resultando en el trayecto.

Él y yo nos erigimos, de pronto, en un tribunal plenipotenciario, inapelable, el máximo. Compartimos sentimientos, puntos de vista, juicios, indignación… y posibles salidas para que la gasolina no ‘inflara’ a nuevos presuntos redentores e ‘inflamara’ la mecha para nuevas acciones violentas. Me hizo pensar cuando dijo “si ni Dios ha podido erradicar el mal del mundo…” Concluí que se refería a nuestra imposibilidad de encontrar soluciones prontas, pacíficas y viables, ante el complejísimo conflicto que supone el alza del precio de un litro de gasolina y sus consecuencias a corto y a largo plazo.

Escuchar atentamente la presentación que Juan hace de Jesús en el Evangelio dominical puede darnos luces para ir al fondo de los ‘porqués’ de lo que estamos viviendo. Desde que el ser humano es ser humano nada sucede y acontece por azares de un destino ciego, cruel, malévolo. Somos libres, con posibilidades de esclavizarnos y vender nuestra libertad al mejor postor. Bien y mal, virtud y vicio, bendición y maldición, verdad y mentira, libertad y tendencia al mal… han sido formas como la razón ha tratado de describir la compleja realidad del ser humano. Nosotros cristianos hablamos de pecado y salvación.

Juan presenta a Jesús, Hijo de Dios, como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Vivimos en un México plural en ideas, creencias, religiones, visión de las realidades. Sin embargo, contando con todo esto, nuestra fe puede ayudarnos a escudriñar lo que hay más allá de intereses políticos o errores técnicos en la situación confusa que estamos viviendo. ¿Soberbia? ¿Avaricia? ¿Mentiras? ¿Maldad? Jesús Salvador puede curar las raíces del mal, sanar nuestra libertad y hacernos personas nuevas. Pongamos a trabajar nuestra fe en Él y dejemos que el horizonte de la esperanza vuelva a orientar nuestras luchas y fatigas.

No es que Dios no haya podido desterrar el mal de la tierra… Falta dejar que el Espíritu Santo se pose en nosotros y demos el testimonio de la verdad contra la mentira, de la caridad contra las ambiciones económicas y políticas, de la solidaridad contra la asesina indiferencia. Jesús es el definitivo cordero pascual que quita todos los pecados del mundo. Las violencias, la anarquía, el desánimo nada resuelven. Pongamos en la escena de las búsquedas nuestra participación, colaboración, compromiso y solidaridad.

Que Jesús, cordero de Dios, ilumine mentes y corazones para que demos testimonio de la verdad y seamos realmente libres.

Los bendigo y abrazo en su lucha interior.

+Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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