Conectados a Jesús. (V Domingo de Pascua, ciclo B)

CONECTADOS A JESÚS
5to. Domingo de Pascua. Ciclo B

“El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”.
Juan 15, 1-8

Hace unos días recibí la invitación a participar en una conferencia acerca de la conectividad en la formación de los nuevos jóvenes. ‘Conectados en la calle, desconectados en casa’, era la sugerencia del tema a tratar. No hay duda que la conectividad, como necesidad y tendencia, preocupa a padres de familia y a educadores de/en todos los niveles. No sabemos bien qué efectos tiene y tendrá en las nuevas generaciones. Es indiscutible que facilita la comunicación pero el costo en las relaciones humanas es impredecible. Todavía es poco tiempo para evaluar sus efectos en la construcción del tejido social.

El Evangelio de este domingo pascual puede iluminar el fondo, las ramas y las periferias de la conectividad en relación a la fe y los frutos de la fe en las nuevas culturas emergentes. En un ambiente de relaciones profundas y fuertes confidencias con los suyos, el Señor Jesús se revela usando la imagen de la vid: Yo soy la verdadera vida. Comunica la necesidad de estar profundamente unidos/conectados con Él para dar frutos: “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer”, afirma contundentemente.

¿Cuál es el secreto para mantener viva esta comunión sin traicionarla ni adulterarla? Sólo hay un modo: permanecer en Él. Siete veces se repite el verbo ‘permanecer’ en el texto que escuchamos. Para explicar lo que quiere decir, Jesús acude a una imagen: la unión (comunión, conexión) que existe entre la vid, los sarmientos y los frutos. La vid es el Resucitado; los sarmientos somos nosotros discípulos; el fruto de los frutos es la red de amor que genera millones de racimos de amor.

¿Qué frutos? Si nuestro mundo se mueve por conexiones, asociaciones, alianzas, redes, corporativos… la comunión con Jesús aporta el soporte humano y divino de/para tales conexiones. Si tenemos necesidad de buscar puntos de conexión con otras personas a causa de nuestra soledad e indigencia, la comunión con Jesús abre, a quien crea en Él, la posibilidad del encuentro, la amistad, el amor en todas sus manifestaciones.

Necesitamos estar unidos a alguien para llegar realmente a ser alguien. La comunión con Jesús, si es auténtica, hace visible la justicia, la fraternidad, la solidaridad.

Cuando Jesús compara la relación que se establece entre Él y los suyos invita a la conversión, a dejar que su amor transforme totalmente a la persona: de criaturas a hijos, de siervos a amigos, de prójimos a hermanos. La unión con Él pide un cambio, una manera nueva de existir y de relacionarse. La comunión con Jesús tiene que hacerse visible en comunidades fecundas. Las comunidades estériles serían lo opuesto al Evangelio.

Conectividad al estilo Jesús es encuentro, comunión, fecundidad. Es nuestra fe pascual. Todo inicia en el bautismo y culmina en la mesa por excelencia de la comunión: la Eucaristía. Dichosos los invitados este domingo y todos los días a dar frutos, también en tiempos electorales.

Con la bendición del amor de Dios.

+Sigifredo Obispo de/en. Zacatecas.