Colaboradores y gestores. (XIV Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C)

COLABORADORES Y GESTORES
Catorceavo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

En los últimos días he tenido el gozo y la responsabilidad de conferir el Sacramento del Orden Sacerdotal a varios Diáconos. Una religiosa me ha preguntado qué siento al imponer las manos sobre el candidato. Por una parte, he respondido, soy un simple instrumento de Dios quien llama, elige, consagra y envía; por otra, me emociona y fortalece el que habrá más colaboradores ‘especiales’ en la Viña del Señor. En la oración consecratoria se repite cuatro veces, en plural y en singular, la palabra colaborador. Un sacerdote es un sacerdote y, con él, la posibilidad de que muchos fieles cristianos, discípulos misioneros, tiendan puentes y corazones que consuelen y acompañen.

Con mucha frecuencia se hacen en la sociedad llamadas a la colaboración y al voluntariado. La respuesta, en general, es poca, variable, provisional, a veces, interesada. Nadie quiere comprometerse, oímos decir a nuestro alrededor, y más cuando se trata de compromisos duraderos y definitivos. Vivimos en una cultura del ‘págame’ y lo hago, del doy para que me des, del no tengo tiempo… No hay duda que la economía individualista, más que la gratuidad, condiciona la visión de la vida y, desde luego, nuestras decisiones y comportamientos.

Sin embargo, la experiencia nos dice que las obras humanas más sólidas y las que perduran son las que se hacen en común y por colaboración. La enseñanza es clara: lo hecho en colaboración y es empresa de muchos tiene futuro; lo demás se disuelve en un presente sin presencia ni trascendencia, sin frutos perdurables.

Hoy Jesús nos sorprende, una vez más, al decirnos que tiene necesidad de colaboradores y gestores para la oferta y construcción de su Reino. No son suficientes los doce apóstoles. En el marco del viaje a Jerusalén –la escuela itinerante de discípulos misioneros- elige y envía a otros setenta y dos colaboradores. Les da instrucciones para que hagan con propiedad su servicio. La misión ha de ser pacífica, austera, urgente y, sobre todo, curativa, les dice. El enviado debe estar convencido que el éxito de la misión está en la oración y no en las fuerzas humanas; está bajo el signo de la debilidad, de la mansedumbre, de una entrega sin reservas… ’Todo ello para decir que el Reino actúa ya en la historia, sin aspavientos, ni reflectores, como una semilla que germinará y fructificará a su tiempo.

Somos Iglesia, pueblo de Dios en camino como aquellos discípulos. Nuestra fe en Jesús ha sido, es y será una fe en colaboración. El interés por el Reino de Dios (gritamos y cantamos ¡que viva mi Cristo! ¡que viva mi Rey!) debe ser común, no de unos cuantos. Todo el que se dice creyente cristiano debe implicarse. No se trata de colaborar de vez en cuando sino de crear una comunidad colaboradora y corresponsable para el progreso del Reino. Sólo entonces tendrá sentido la petición: venga a nosotros tu Reino.

Cómo sería edificante si hacemos un ?#?Somos72ymás?, es decir, si pasamos de colaboradores a gestores en la sociedad y en la marcha de la comunidad cristiana.

Con el afecto de discípulo misionero y mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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