Cizaña, mostaza y algo más. (XVI Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

CIZAÑA, MOSTAZA Y ALGO MÁS
XVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

¿Cómo van las vacaciones? Espero que sus deseos y proyectos avancen según lo han planeado. Espero que no hayan encontrado tantas cizañas en los surcos del camino. Espero, también, que los granos de mostaza abunden y la levadura del Reino de Dios fermente sus ‘ires y venires’. Recuerden –domingo pasado– que Dios no tiene vacaciones y, por tanto, siembra la Palabra en todo tiempo y lugar, trabaja con ustedes y les hace socios del Reino.

Los seres humanos somos muy especiales… No sé qué tanto nos complicamos la vida… y la de los demás. Con frecuencia tendemos a ‘separarnos’ por lugar de procedencia, colores, religiones, ideas políticas, ídolos musicales, equipos deportivos… Nos clasificamos hasta el punto de decir: ‘soy de…’ Al final terminamos siendo de nadie. A veces nos creemos tan poca cosa que en lugar de ser nosotros mismos (semilla de mostaza) preferimos ser de alguien que ni nos conoce, ni le interesamos, ni nos devolverá una sonrisa, ni nos llamará por nuestro nombre. ¡Somos tan especiales! El sentido de pertenencia es importante pero puede terminar siendo una trampa. Por ahí puede entrar, callada y venenosamente, la mala semilla de la cizaña.

La escuela de Jesús continúa, no tiene vacaciones. Hoy advierte a sus discípulos de una cosa que, con frecuencia, no entra en nuestros planes: la posibilidad del fracaso; su Palabra no siempre producirá los frutos deseados. Y contra la tentación de levantar muros, separar, arrancar, cortar por lo sano, poner las cosas en su sitio inmediatamente… lo verdaderamente novedoso del Evangelio de Jesucristo es dar tiempo a todos (“dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha…”). Al trigo para que sea trigo… A la cizaña para que tenga la oportunidad de cambiar… A la mostaza para que se desarrolle en el tiempo… A la levadura para que dé todo de sí. En otras palabras, la conversión es un proceso que lleva tiempo.

La lección del Maestro Jesús en tiempo de vacaciones (las nuestras) nos viene muy bien. Se trata de dejar que la verdad sea verdad por sí misma. La paciencia es el tiempo de Dios; el nuestro, la espera activa, laboriosa, entregada. “Déjenlos crecer juntos…” es novedad divina (justicia y misericordia), no ejercicio de cálculos pragmáticos y marketing humano.

Estamos llamados a ser trigo bueno y levadura fina en un mundo plural, complejo, fascinador… Las ofertas de ‘salvación’ que promociona fácilmente pueden confundir el trigo y la cizaña. El creyente debe estar despierto, atento, ser paciente activo sembrando las semillas del Reino en un campo donde hay de todo. No se vale estar de brazos cruzados, ni desesperarse. Dios espera frutos madurados por el amor. Los resultados inmediatos no vienen en el paquete del Reino, no entran en el plan de Dios.

Que Dios, paciente y misericordioso, nos proporcione serenidad en las esperas y amor fecundo a prueba de la cizaña de la prisas, separaciones y resultados a toda costa.

Con mi bendición y afecto.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas

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