Cenizas, polémica y resurrección. (XXXII Domingo del tiempo ordinario, ciclo C)

CENIZAS, POLÉMICA Y RESURRECCIÓN
Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

En vísperas de la conmemoración de los Fieles Difuntos levantó polémica la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca del trato digno a los restos mortales de los bautizados. La recomendación es clara: la sepultura sin descartar la cremación. Lo que ha llamado más la atención ha sido la prohibición (a los católicos) de esparcir las cenizas en cualquier espacio o el guardarlas en casa. Muchas voces se han pronunciado sobre el tema en escritos y comentarios orales, en medios tradicionales o los posmodernos memes en redes sociales.

¿Cuál es el motivo? Cada escritor o comentarista tiene sus razones; la mayor parte de las veces en contra de la prohibición de parte de la Iglesia. ¿Qué hay detrás del motivo? A mi parecer, no es el hecho de guardar o esparcir las cenizas donde se desee, sino que la Iglesia lo prohíba y dé instrucciones a sus fieles. ¿Quién da atribuciones a la Iglesia –se preguntan- para que entre a la conciencia de las personas o a su libre determinación? La ‘libre’ libertad del individuo tiene la última palabra, afirman con segura contundencia. La fe en Cristo Resucitado y la esperanza en la resurrección no entran en la polémica porque son creencias, no asunto racional, según algunos.

En el Evangelio que escuchamos hoy el tema discutido es la resurrección de los muertos. No es la suerte de las cenizas, ni siquiera el modo y el cuándo de la resurrección, mucho menos la fe en ella. La polémica se centra en “¿de cuál de ellos (siete esposos) será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?” La polémica de los saduceos desvela algo más dramático que su carencia de fe en la resurrección: que la mujer, según ellos, no podría verse libre de la potestad del varón ni en el más allá. “¿De cuál de ellos será?”, desenmascara sus intenciones. ¡Pobre mujer oprimida! ¡Pobres sujetos opresores! ¡Pobre libertad convertida en poder de dominio! Nada que ver con la fe en la resurrección.

Jesús, evidentemente, responde a la pregunta sobre la resurrección. Su respuesta, aunque apunta a la igual dignidad de la persona, sea varón o mujer, va más allá de los modos históricos del matrimonio. La total plenitud de la relación matrimonial y de toda relación de amor se dará en el mundo futuro. El “serán como ángeles” indica el nuevo modo de relaciones que supone la resurrección: no serán de dominio sino que se darán en los mismos modos de lo divino.

Creer en la resurrección es creer en el “Dios de vivos y no de muertos”. Confesar nuestra fe en la resurrección es creer en su potencia de vida que traspasa los umbrales de la muerte. Es oferta y generación permanente de vida, tanto en el más allá como en el más acá.

Más allá de la polémica de qué hacer con las cenizas de nuestros difuntos, el que cree en la resurrección de los muertos está llamado a generar vida en el hoy personal y social. ¡Dichosos los invitados a la mesa de la vida!

Con mi afecto y mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas.

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