Bienaventurados 2019. (VI Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C)

BIENAVENTURADOS 2019
VI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.

“Dichosos los pobres. – ¡Ay de ustedes los ricos!”
Lucas 6, 17.20-26

La primera palabra del Reino de Dios es la felicidad, la dicha, la alegría, la bienaventuranza. Es lo que anhela y busca el ser humano, con sueños, fatigas, esperas y esperanza. El Evangelio de Jesucristo responde a este anhelo. Al pedir “venga a nosotros tu Reino” estamos pidiendo ser felices, estar ahí y allá donde alguien busca ser feliz y necesita de un samaritano. El camino que ofrece Jesús en las bienaventuranzas es exigente, nada fácil, muy diferente a los caminos que oferta el mundo. Sin embargo está al alcance del que cree en Jesucristo y acepta los valores del Reino.

Jesús sitúa la felicidad donde menos imaginamos: los pobres, los que padecen hambre, los que sufren, los perseguidos. Las situaciones que contradicen el plan de Dios pueden y deben cambiar. La pobreza, la ignorancia, la enfermedad son negatividades contra las que hay que luchar todos los días. La solución no es que los pobres se hagan ricos y los ricos se hagan pobres. El Evangelio introduce la auténtica solución: organizar la vida desde los valores del Reino, no desde los propios intereses. La dicha viene porque Dios está de parte de quienes se abren a la salvación. Entonces, sufrimiento, indigencia, persecución pueden ser lugares de conversión y ocasión privilegiada para la acción de Dios. “Grande será su recompensa”, garantiza el Señor de las bienaventuranzas. 

Al contrario, los ricos, los saciados, los que ríen, los aplaudidos… viven una situación que les impide abrirse a los valores del Reino de Dios. Dios no está de su parte porque le cerraron las puertas y ventanas de la vida. Son como el rico epulón que fue incapaz de ver, mirar y compadecerse del pobre Lázaro. La recompensa no será tal porque ya caducaron sus intereses y ganancias.

Vivir las bienaventuranzas en nuestro tiempo es un gran reto. La dicha que Jesús prometió a sus discípulos se basa en Dios y los valores de su Reino. Parece ser que nuestro mundo se mueve por la bolsa de ‘otros valores’, por otros intereses. ¿Somos felices? ¿Acaso somos más felices en la sociedad del bienestar? ¿Qué es lo que nos hace realmente felices? ¿Felicidad equivale a tener éxito en la vida? ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es el fracaso?

En estos tiempos en que muchos parecen apostar por un cristianismo light (ligero, liviano, sin compromisos serios) y la fe se debilita, es indispensable convencernos de la urgente necesidad de volver al Evangelio de Jesús. Hablar de nueva evangelización es volver a proponer las bienaventuranzas como el único proyecto/estilo de vida capaz de llevarnos por el camino de la felicidad. La recompensa será grande: nuestra existencia tendrá sentido, las limitaciones humanas serán saciadas, la vida se prolongará sin fin. ¿No lo merece nuestra familia? Ojalá que las comunidades cristianas que conforman la Iglesia se pongan en el camino de las bienaventuranzas en el ahora de la salvación.

Con mi afecto y bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas