Amar hasta que duela. (VII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A)

AMAR HASTA QUE DUELA
VII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

El día del amor y la amistad nos ha recordado realidades indispensables en las diferentes etapas y situaciones de la vida. Quizás escogimos los gestos más cercanos a nuestra forma de ser para expresar nuestro amor de amistad, preocupaciones, los mejores deseos… Los adolescentes y jóvenes, de una forma; los adultos menores y mayores, de otra. El caso es que el día –a pesar de todas las lecturas que pueda tener– no ha pasado desapercibido para la mayor parte de los nuestros.

Pero también escuché y leí otras expresiones más exigentes e, incluso, contrarias al sentido del día del amor y la amistad. Las primeras como una invitación para hacer extensivo el abrazo amistoso a personas que no tratamos bien ordinariamente, o que nos han hecho mal con alevosía y ventaja. Las segundas como un grito de guerra para vengarse y odiar a las personas que ocupan los espacios de la atención mediática en los últimos meses. Sentimientos, emociones, reacciones primarias-secundarias, afectos, desafectos y todo lo que el ser humano es capaz de sentir y expresar. ¡Válgame Dios! Tan bien que apuntaba el día…

En la escuela de Jesús hoy toca el tema del amor loco, decidido, único, doloroso, casi humanamente imposible: el amor a los enemigos. No me queda duda de que Jesús conoce perfectamente el corazón humano ante el amor obvio y el odio. Toma postura decidida, clara, pertinente: el discípulo no tiene razón para la violencia. No basta con no pasarse devolviendo más mal que el que hemos recibido; tampoco se trata de amar sólo al que nos hace bien, al hermano cercano. Jesús va al amor total, extensivo e intensivo. Su propuesta es una verdadera locura: amar a los enemigos. Aquí está la novedad. Lo demás es hacer lo que todo mundo hace. El discípulo tendrá que ser diferente.

En este contexto del amor-perdón y de la no violencia se inserta el mandato de ser santos. Con los antecedentes de las bienaventuranzas me queda claro quién es santo/perfecto y por qué es santo/perfecto. No es quien reza mucho (aunque la oración es necesaria), ni quien cumple sus obligaciones ordinarias con piedad (también son necesarias) sino el que ama con tanta locura que se sale del guión de los humanos. Donde se manifiesta la santidad/perfección del discípulo es en el perdón de las ofensas (cf. Padre nuestro) y en el amor al enemigo (cf. bienaventuranzas). La razón es clara: quién es capaz de perdonar a los enemigos es porque tiene a Dios dentro, ha adquirido la santidad de Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos, justos y pecadores, residentes y migrantes.

Ante un mundo de más derechos que obligaciones, y muy escasas gratuidades, el Evangelio de hoy suena insoportable. Pero, ¿tú también quieres irte? ¿Sabes más que Dios? ¿Quieres elaborar un Evangelio según las sugerencias del mercado, las ideologías del momento, los intereses del partido? Pablo hoy recuerda a los corintios de todos los tiempos las trampas de nuestras astucias y la vanidad de nuestros cálculos.

“En aquel que cumple la palabra de Cristo, el amor de Dios ha llegado a su plenitud”, aclama hoy la liturgia. Así sea en los discípulos que buscan ser fieles en tiempos de la posverdad y de las confusiones que vivimos.

Los bendigo con muchísimo amor, desde el cielo, vuelo 741.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas.

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