Amar es el camino. (V Domingo de Pascua, Ciclo C)

AMAR ES EL CAMINO
Quinto Domingo de Pascua. Ciclo C.

Hace 19 minutos…, avisa el comentario que aparece en Facebook. ‘Si quieres que el mundo esté lleno de amor, ama’, comparte una persona debidamente identificada. Tiene razón, pienso, constituyéndome en juez momentáneo. ¿Qué clase de amor? ¿A quién? ¿Cuándo? ¿En cualquier circunstancia? Estas preguntas me hacen pensar en la fragilidad y en las posibilidades del ser humano.

El Evangelio de este domingo nos revela que Jesús Resucitado deja como testamento, es decir, como dinamismo de la resurrección, el mandamiento del amor. Esto significa que, el que cree en la resurrección, queda implicado en la construcción del amor al estilo de Jesús. En el texto se repite cinco veces la realidad de la ‘gloria’. Cuando interactúa el deseo de salvación de Dios, la mediación del Hijo y la adhesión del creyente, brilla la gloria. Misión cumplida, puede decir el Resucitado. Forjar y tejer una respuesta amorosa durante toda la vida es la tarea del discípulo. Aprender a amar es el objetivo de toda educación.

Desde aquí se entiende bien la importancia que tiene el ‘mandamiento nuevo’ en la vida del bautizado. También nos revela el contenido necesariamente social del Evangelio. ‘Ámense los unos a los otros’ es poner en escena un nuevo tipo de relación entre los seres humanos. El Papa Francisco no pierde oportunidad para recordarnos la necesaria dimensión social del Evangelio y de toda evangelización que se precie de ser nueva. El Evangelio afecta, pues, la base misma de todo lo humano. Amar es la vocación fundamental de la persona, el camino de toda humanización, el fin de toda educación. ¿No es ésta la obra de misericordia fundante?

La gran novedad de este mandamiento es que la medida del amor es el amor que ha vivido Jesús: “Ámense como yo los he amado”. Él nos ha amado hasta el extremo, sin esperar nada a cambio. Los seres humanos no podemos amar sin esperar nada a cambio, sin que, de alguna manera, se nos corresponda; nuestra estructura humana no soporta la idea del amor que no recibe nada a cambio. Jesús nos ha amado sin esperanza de recobrar nada a cambio: “nos amó cuando todavía éramos pecadores”, dice el apóstol Pablo.

“…Y por este amor conocerán que son mis discípulos”. El cristiano deberá buscar vivir todos los días, en cualquier circunstancia, al estilo de Jesús. Ésta es la prueba decisiva y definitiva de la fe. Vivir el amor al estilo de Jesús en una sociedad marcadamente egoísta nos desafía. El Evangelio modifica la base de lo que somos, del egoísmo que nos corroe. Demanda incansablemente un amor distinto, generoso, audaz, lúcido. ¿Por qué ha impactado a creyentes y no creyentes el estilo de vida de la madre Teresa de Calcuta? Porque amó sin esperar nada a cambio. Amó por amor. El amor es el único lenguaje que puede comprender todo mundo. El amor del/en el discípulo es el dinamismo del Resucitado para seguir transformando el mundo. En el terreno del amor todo gesto es importante.

Los bendigo con el amor del Resucitado.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas