¿Algo está cambiando? (VI Domingo de Pascua, ciclo A)

¿ALGO ESTÁ CAMBIANDO?
VI Domingo de Pascua. Ciclo A.

No puedo concebir el tiempo de Pascua como un tiempo estéril, sin futuro, sin generar vida, aliado de la apatía y de la cultura de la muerte. Dar la batalla y vencer definitivamente a la muerte no es cualquier cosa. La victoria del Resucitado es patente y garantía del futuro sin fin para quien ha aceptado a Jesucristo como su Señor. El tiempo de Pascua alimenta la cultura de la vida, potencia un ambiente de esperanza y nos invita a mirar con confianza serena que el horizonte de todo ser humano es de plenitud. ¡No tengamos miedo! Sabemos a dónde vamos y qué camino andamos.

Creerlo, aceptarlo, celebrarlo y testimoniarlo es una tarea siempre desafiante para el cristiano que vive en tiempos de indiferencia, miedos e incertidumbres hacia el futuro. Nuestra cultura, por una parte, invita a tener visión de futuro en lo que deseamos, pensamos y planeamos. Por otra, se queda corta en su mirada y en sus fuerzas. El mercado del futuro que ofrece está lleno de dudas porque se basa sólo en los cálculos del mismo mercado. Su potencialidad estriba en los vaivenes de los intereses de la ‘mano negra’ que mece la economía y en las variables que negocian los especuladores.

Los grandes valores humanos, morales y espirituales que fundamentan, sostienen y dan sentido a la vida no caben en ninguna de nuestras bolsas de valores. Sólo pueden tener futuro y sustento en la fe en el Señor Jesús, inmortal y glorioso, que vive y reina porque ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Éste es el núcleo de la fe cristiana que celebramos festivamente en el tiempo de Pascua y en la liturgia de la Iglesia cada domingo, todos los días, en cualquier circunstancia de esta vida.

Los primeros cristianos se hicieron las mismas preguntas que todo ser humano se hace y se hará. Es la cuestión sobre el sentido de la vida y de la historia, su contenido, su duración y su fin. Encontrarse con la persona de Jesús debe significar el encuentro con la verdad viva y vivificadora. El camino de la fe tendrá que pasar por la cruz de las sombras, del desprendimiento y de… las despedidas.

Éste es el ambiente que se respira al escuchar el Evangelio de este domingo. Las palabras de Jesús son iluminadoras y tranquilizadoras. Todo sucede en un ambiente de despedida: “Ya no me verán…” Dos elementos son centrales en el relato y en la vida de los creyentes: 1) el amor verdadero que se manifiesta en el “guardar los mandamientos”; 2) la promesa del “les daré un Paráclito (defensor) que esté siempre con ustedes”. Esto será lo importante en el futuro próximo y en/para el futuro definitivo. ‘Guardar’ es amar cada día, todos los días al estilo del Resucitado. En adelante, el Defensor será el Espíritu Santo quien les acompañará y fortalecerá en el camino.

Que en este tiempo litúrgico experimentemos un cambio cualitativo en el camino de la fe y seamos factores/fermento de renovación en los ambientes que habitamos.

Con mi afecto renovado y el apoyo de mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas