Aclamaciones y reclamaciones. (Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, ciclo A)

ACLAMACIONES Y RECLAMACIONES
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Ciclo A.

“Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió”
Mateo 21, 1-11
“¿Eres tú el rey de los judíos?”
Mateo 26,14 – 27,66

El contraste existencial de los protagonistas del Domingo de Ramos es evidente. Los de ayer y los de hoy. Los de ayer recibieron a Jesús con hosannas y lo despidieron con virulentos ‘crucifícales’. Los de hoy lo recibiremos con diferentes estados de ánimo. Ya no en la calle, las plazas, las playas, los templos públicos… sino en la casa a través de una pantalla. Quizás le demos como despedida un ‘me gustó’ o un ‘no me gustó’. Iniciamos una Semana Santa peculiar. Con clamores, aclamaciones y reclamaciones; en tiempos digitales y de indeseables virus. 

Jesús entra bien acompañado a la ciudad de sus amores. Termina solo, traicionado, abandonado… Ha enseñado y testimoniado la pasión de vivir por una causa sublime: cumplir la misión encomendada por su Padre. En el dramático acontecimiento del Gólgota nos muestra la pasión de morir por nuestra salvación. La pasión de vivir por una causa y la pasión de morir por ella no se pueden separar. “Todo está consumado”, dirá levantado en la cruz de la entrega total. No hay duda que el camino de la pasión es fatigoso pero esperanzador. 

Las reacciones de los espectadores son diversas. Unos, al pie de la cruz; otros, mirando de lejos. Unos, comentan y reclaman; otros, creen y se arrepienten. Otros, observan el final de la historia de un hombre desconcertante, nada más… Unas mujeres esperan el desenlace en silencio, dejan que las lágrimas recorran las historias dibujadas en sus rostros, miran sin mirar, ni entender. Quienes miraban con esperanza, estarán en el amanecer del nuevo día de la resurrección. Antes, es necesario vivir el atardecer de un mundo que caduca.

Estamos viviendo un Domingo de Ramos desconcertante, doloroso y, al mismo tiempo, necesario, esperado. No hay que salir de casa. Sí podemos tejer las cruces de la cuarentena con los ramos del silencio guardado y las palmas de la esperanza. Podemos aclamar al “bendito que viene en nombre del Señor” agitando las manos previamente lavadas a conciencia. Sabemos y sentimos en el alma la pasión que estamos viviendo. Las aglomeraciones no son recomendables en días de virus que no vemos, ni entendemos, ni deseamos. ¿Entonar cantos de aclamación? El gel y el cubreboca dan paso al misterio de la pasión del ser humano que sigue siendo ser humano en cuarentena, como si fuera una cuaresma dentro de la cuaresma original. Los ramos y las palmas anuncian ya el necesario y esperado Domingo de Pascua. 

Celebremos con confianza y esperanza el Misterio Pascual. Vivir y morir con pasión es la gran lección del domingo de Ramos de la Pasión del Señor. Jesús es el mejor maestro del morir y del vivir, del amar y del esperar. Sólo necesitamos una fe a prueba de virus.

Oremos confiadamente: “Señor Jesús, cuando no podamos con nuestros cálices, o con los de los hermanos, envuélvenos en tu pasión de vivir y de morir… Que no se haga nuestra voluntad sino la tuya”.

Les deseo una santa Semana Santa.

Con mi bendición.

+ Sigifredo
Obispo de/en Zacatecas